---San Pio de Pietralcina---

 

PADRE PÍO DE PIETRELCINA

 

 

 

 

Padre Pio da Pietrelcina (1887-1968)

 

 

"Siempre humíllense amorosamente ante Dios y ante los hombres. Porque
Dios le habla a aquellos que son verdaderamente humildes de corazón, y los enriquece con grandes dones."   Padre Pío
  

 

 

 

 

Fechas importantes en la vida del Padre Pío


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25 de mayo, 1887. Nace 
en Pietrelcina, Benevento, en 
el sur de Italia. Sus padres, 
Grazio "Orazio" Mario Forgione  (1860-1946), granjero, y María Giuseppa de Nunzio Forgione (1859-1929).

 

 Hogar de Padre Pío

26 de mayo, 1887. Bautizado en la Iglesia de Santa María de los 
Ángeles. Recibe el nombre de Francesco Forgione.  

27 de mayo, 1899. Recibe el Sacramento de la Confirmación.

6 y 22 de enero, 1903. A los dieciséis años entra al noviciado de Marcone. El 22 de enero es investido con el hábito de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Toma el nombre de Fra Pío (Fra por Fratello/Hermano). 

22 de enero, 1904. Terminado el año de noviciado hace la Primera Profesión (profesión temporal) de los Consejos Evangélicos de Pobreza, Castidad y Obediencia.  Entra al convento de la provincia monástica y estudia para ordenarse sacerdote.  

1907. Al cumplirse los tres años de los votos temporales hace su  profesión perpetua o votos solemnes..
  
10 de agosto, 1910. Con férrea voluntad se sobrepone a graves problemas de salud, es ordenando sacerdote en la capilla del Arzobispo de Beneveto, pero los problemas de salud le obligan a residir con su familia, por largos periódos, hasta el 1916. 

Septiembre, 1910. Recibe los estigmas visiblemente por primera vez, pero por poco tiempo y de forma intermitente.  Ruega a Dios se los quite. Confía el acontecimientoa únicamente a su Director Espiritual. 

Noviembre, 1911. El suceso sobrenatural llega a la atención de sus superiores cuando es observado un día en éxtasis. 

28 de julio, 1916. Llega al Convento de San Giovanni Rotondo y permanece allí hasta su muerte. 

5 a 7 de agosto, 1918. Transverberación del corazón,  le causan heridas visibles en su costado. (La Transverberación del corazón es una experiencia mística de ser traspasado en el corazón, que indica la unión de amor con Dios.)

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  Nuestra Señora de las Gracias

20 de septiembre, 1918. Mientras reza, luego de la Misa, en el área del coro de la antigua Iglesia de Nuestra Señora de las Gracias, aparecen los estigmas de forma visible y permanen- te.  El fenómeno perdurará por los próximos 50 años y le convertirá en el primer sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia. 

Pasa el resto de su vida rezando y ofreciendo a Dios sus sufrimientos
por la salvación de las almas.  

 

 

1919. Comienzan a circular rumores en el pueblo del posible traslado del ¨santo¨ de San Giovanni Rotondo, lo que agita grandemente a la población.  

2 de junio, 1922. El Santo Oficio (hoy Congregación para la Doctrina de la Fe) prohibe apariciones públicas y el acceso del público a Padre Pio.

1924-1931. En varias ocasiones la Santa Sede rechaza que el fenómeno sea de origen sobrenatural. 

9 de junio, 1931. (Solemnidad de Corpus Christi). La Santa Sede ordena al Padre Pío desistir de toda actividad salvo la celebración de la Santa Misa, la cual sólo podrá celebrar en privado.  

Principios de 1933. El Santo Padre Pío XI ordena al Santo Oficio que de marcha atrás y deje sin efecto la  prohibición que pesaba sobre el Padre Pío de celebrar públicamente.  Su Santidad Pío XI comenta al respecto: "Nunca sentí mala disposición hacia el Padre Pío, pero sí fuí malamente informado." 

1934. Las facultades del Padre Pío son restauradas poco a poco. Se le permite confesar primero a hombres (25 de marzo, 1934) y luego confesar a mujeres (12 de mayo, 1934).

23 de septiembre de 1968.
Fallece seramente en su celda a las 2:30 de la madrugada. Murió saludable y sin los estigmas, así como había profetizado en cierta ocasión. Sus últimas palabras: "Gesú e Maria" (Jesús y María).

26 de septiembre, 1968. El cuerpo del Padre Pío se entierra en una cripta en la Iglesia de Nuestra Señora de las Gracias. Asisten al funeral más de 100,000 personas.

Biografía

« En cuanto a mí,¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo! » (Gal 6, 14).

Padre Pío de Pietrelcina, al igual que el apóstol Pablo, puso en la cumbre de su vida y de su apostolado la Cruz de su Señor como su fuerza, su sabiduría y su gloria. Inflamado de amor hacia Jesucristo, se conformó a Él por medio de la inmolación de sí mismo por la salvación del mundo. En el seguimiento y la imitación de Cristo Crucificado fue tan generoso y perfecto que hubiera podido decir «con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gal 2, 19). Derramó sin parar los tesoros de la gracia que Dios le había concedido con especial generosidad a través de su ministerio, sirviendo a los hombres y mujeres que se acercaban a él, cada vez más numerosos, y engendrado una inmensa multitud de hijos e hijas espirituales.

Este dignísimo seguidor de San Francisco de Asís nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, archidiócesis de Benevento, hijo de Grazio Forgione y de María Giuseppa De Nunzio. Fue bautizado al día siguiente recibiendo el nombre de Francisco. A los 12 años recibió el Sacramento de la Confirmación y la Primera Comunión.

El 6 de enero de 1903, cuando contaba 16 años, entró en el noviciado de la orden de los Frailes Menores Capuchinos en Morcone, donde el 22 del mismo mes vistió el hábito franciscano y recibió el nombre de Fray Pío. Acabado el año de noviciado, emitió la profesión de los votos simples y el 27 de enero de 1907 la profesión solemne.

Después de la ordenación sacerdotal, recibida el 10 de agosto de 1910 en Benevento, por motivos de salud permaneció en su familia hasta 1916. En septiembre del mismo año fue enviado al Convento de San Giovanni Rotondo y permaneció allí hasta su muerte.

Enardecido por el amor a Dios y al prójimo, Padre Pío vivió en plenitud la vocación de colaborar en la redención del hombre, según la misión especial que caracterizó toda su vida y que llevó a cabo mediante la dirección espiritual de los fieles, la reconciliación sacramental de los penitentes y la celebración de la Eucaristía. El momento cumbre de su actividad apostólica era aquél en el que celebraba la Santa Misa. Los fieles que participaban en la misma percibían la altura y profundidad de su espiritualidad.

En el orden de la caridad social se comprometió en aliviar los dolores y las miserias de tantas familias, especialmente con la fundación de la «Casa del Alivio del Sufrimiento», inaugurada el 5 de mayo de 1956. Para el Siervo de Dios la fe era la vida: quería y hacía todo a la luz de la fe. Estuvo dedicado asiduamente a la oración. Pasaba el día y gran parte de la noche en coloquio con Dios. Decía: «En los libros buscamos a Dios, en la oración lo encontramos. La oración es la llave que abre el corazón de Dios». La fe lo llevó siempre a la aceptación de la voluntad misteriosa de Dios.

Estuvo siempre inmerso en las realidades sobrenaturales. No era solamente el hombre de la esperanza y de la confianza total en Dios, sino que infundía, con las palabras y el ejemplo, estas virtudes en todos aquellos que se le acercaban.

El amor de Dios le llenaba totalmente, colmando todas sus esperanzas; la caridad era el principio inspirador de su jornada: amar a Dios y hacerlo amar. Su preocupación particular: crecer y hacer crecer en la caridad.

Expresó el máximo de su caridad hacia el prójimo acogiendo, por más de 50 años, a muchísimas personas que acudían a su ministerio y a su confesionario, recibiendo su consejo y su consuelo. Era como un asedio: lo buscaban en la iglesia, en la sacristía y en el convento. Y él se daba a todos, haciendo renacer la fe, distribuyendo la gracia y llevando luz. Pero especialmente en los pobres, en quienes sufrían y en los enfermos, él veía la imagen de Cristo y se entregaba especialmente a ellos.Ejerció de modo ejemplar la virtud de la prudencia, obraba y aconsejaba a la luz de Dios. Su preocupación era la gloria de Dios y el bien de las almas. Trató a todos con justicia, con lealtad y gran respeto.

Brilló en él la luz de la fortaleza. Comprendió bien pronto que su camino era el de la Cruz y lo aceptó inmediatamente con valor y por amor. Experimentó durante muchos años los sufrimientos del alma. Durante años soportó los dolores de sus llagas con admirable serenidad. Aceptó en silencio las numerosas intervenciones de las Autoridades y calló siempre ante las calumnias. Recurrió habitualmente a la mortificación para conseguir la virtud de la templanza, de acuerdo con el estilo franciscano. Era templado en la mentalidad y en el modo de vivir.

Consciente de los compromisos adquiridos con la vida consagrada, observó con generosidad los votos profesados. Obedeció en todo las órdenes de sus superiores, incluso cuando eran difíciles. Su obediencia era sobrenatural en la intención, universal en la extensión e integral en su realización. Vivió el espíritu de pobreza con total desprendimiento de sí mismo, de los bienes terrenos, de las comodidades y de los honores. Tuvo siempre una gran predilección por la virtud de la castidad. Su comportamiento fue modesto en todas partes y con todos.

Se consideraba sinceramente inútil, indigno de los dones de Dios, lleno de miserias y a la vez de favores divinos. En medio de tanta admiración del mundo, repetía: «Quiero ser sólo un pobre fraile que reza».

Su salud, desde la juventud, no fue muy robusta y, especialmente, en los últimos años de su vida, empeoró rápidamente.

La hermana muerte lo sorprendió preparado y sereno el 23 de septiembre de 1968, a los 81 años de edad. La concurrencia a su funeral fue extraordinaria.

El 20 de febrero de 1971, apenas tres años después de la muerte del Siervo de Dios, Pablo VI, dirigiéndose a los Superiores de la orden Capuchina, dijo de él: «!Mirad qué fama ha tenido, qué clientela mundial ha reunido en torno a sí! Pero, ¿por qué? ¿Tal vez porque era un filósofo? ¿Porqué era un sabio? ¿Porqué tenía medios a su disposición? Porque celebraba la Misa con humildad, confesaba desde la mañana a la noche, y era, es difícil decirlo, un representante visible de las llagas de Nuestro Señor. Era un hombre de oración y de sufrimiento».

Ya durante su vida gozó de notable fama de santidad, debida a sus virtudes, a su espíritu de oración, de sacrificio y de entrega total al bien de las almas.

En los años siguientes a su muerte, la fama de santidad y de milagros creció constantemente, llegando a ser un fenómeno eclesial extendido por todo el mundo y a toda clase de personas.

De este modo, Dios manifestaba a la Iglesia su voluntad de glorificar en la tierra a su Siervo fiel. No pasó mucho tiempo hasta que la Orden de los Frailes Menores Capuchinos realizó los pasos previstos por la ley canónica para iniciar la causa de beatificación y canonización. Examinadas todas las circunstancias, la Santa Sede, a tenor del Motu Proprio «Sanctitas Clarior» concedió el nulla osta el 29 de noviembre de 1982. El Arzobispo de Manfredonia pudo así proceder a la introducción de la Causa y a la celebración del proceso de conocimiento (1983-1990). El 7 de diciembre de 1990 la Congregación para las Causas de los Santos reconoció la validez jurídica. Acabada la Positio, se discutió, como es costumbre, si el Siervo de Dios había ejercitado las virtudes en grado heroico. El 13 de junio de 1997 tuvo lugar el Congreso Peculiar de Consultores teólogos con resultado positivo. En la Sesión ordinaria del 21 de octubre siguiente, siendo ponente de la Causa Mons. Andrea María Erba, Obispo de Velletri-Segni, los Padres Cardenales y obispos reconocieron que el Padre Pío ejerció en grado heroico las virtudes teologales, cardinales y las relacionadas con las mismas.

El 18 de diciembre de 1997, en presencia de Juan Pablo II, fue promulgado el Decreto sobre la heroicidad de las virtudes.

Para la beatificación del Padre Pío, la Postulación presentó al Dicasterio competente la curación de la Señora Consiglia De Martino, de Salerno (Italia). Sobre este caso se celebró el preceptivo proceso canónico ante el Tribunal Eclesiástico de la Archidiócesis de Salerno-Campagna-Acerno de julio de 1996 a junio de 1997 y fue reconocida su validez con decreto del 26 de septiembre de 1997. El 30 de abril de 1998 tuvo lugar, en la Congregación para las Causas de los Santos, el examen de la Consulta Médica y, el 22 de junio del mismo año, el Congreso peculiar de Consultores teólogos. El 20 de octubre siguiente, en el Vaticano, se reunió la Congregación ordinaria de Cardenales y obispos, miembros del Dicasterio, siendo Ponente Mons. Andrea M. Erba, y el 21 de diciembre de 1998 se promulgó, en presencia de Juan Pablo II, el Decreto sobre el milagro.

El 2 de mayo de 1999 a lo largo de una solemne Concelebración Eucarística en la plaza de San Pedro Su Santidad Juan Pablo II, con su autoridad apostólica declaró Beato al Venerable Siervo de Dios Pío de Pietrelcina, estableciendo el 23 de septiembre como fecha de su fiesta litúrgica.Para la canonización del Beato Pío de Pietrelcina, la Postulación ha presentado al Dicasterio competente la curación del pequeño Mateo Pio Colella de San Giovanni Rotondo. Sobre el caso se ha celebrado el regular Proceso canónico ante el Tribunal eclesiástico de la archidiócesis de Manfredonia‑Vieste del 11 de junio al 17 de octubre del 2000. El 23 de octubre siguiente la documentación se entregó en la Congregación de las Causas de los Santos. El 22 de noviembre del 2001 tuvo lugar, en la Congregación de las Causas de los Santos, el examen médico. El 11 de diciembre se celebró el Congreso Particular de los Consultores Teólogos y el 18 del mismo mes la Sesión Ordinaria de Cardenales y Obispos. El 20 de diciembre, en presencia de Juan Pablo II, se ha promulgado el Decreto sobre el milagro y el 26 de febrero del 2002 se promulgó el Decreto sobre la canonización.

(Biografía del Vaticano)

 

Su Historia

El Padre Pío nació en el seno de una humilde y religiosa familia de agricultores, el 25 de mayo de 1887, en una pequeña aldea del Sur de Italia, llamada Pietrelcina.Recibió su primera instrucción de un maestro privado y a la edad de 15 años hizo su ingreso en el Noviciado de los Padres Capuchinos en la Ciudad de Morcone. De débil salud, pero de excepcional fuerza de voluntad, pudo completar sus estudios y gracias a una continua asistencia divina tuvo la ansiada ordenación sacerdotal. El 10 de Agosto de 1910 celebró su primera Misa, en la Catedral de Benevento. Ocho años más tarde, el 20 de Septiembre de 1918, aparecieron visiblemente las llagas de Nuestro Señor en sus manos, pies y costado izquierdo del pecho, haciendo del P. Pío el primer sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia (recuerden que San Francisco no era sacerdote).

Fue heroico en su apostolado sacerdotal, que duró 58 años. Grandes multitudes, de todas las nacionalidades pasaron por su confesionario. Las conversiones fueron innumerables. Diariamente recibía centenares de cartas de fieles, que pedían su consejo iluminado y su dirección espiritual, la cual ha siempre significado un retorno a la serenidad, a la paz espiritual y al coloquio con Dios. Toda su vida no ha sido otra cosa que una continua oración y penitencia, lo cual no impedía que sembrase a su alrededor felicidad y gran alegría entre aquellos que escuchaban sus palabras, que eran llenas de sabiduría o de un extraordinario sentido del humor. A través de sus cartas al Confesor, se descubren tremendos e insospechables sufrimientos espirituales y físicos, seguidos de dicha inefable, derivada de su intima y continua unión con Dios, que fomentaba su ardiente amor por la Eucaristía y por la Santísima Virgen.

El Papa Juan Pablo II lo conoció personalmente en 1947, poco después de su ordenación sacerdotal. Según rumores, el Padre Pío profetizó que aquel joven sacerdote sería un día Papa.

El Señor lo llamó a recibir el premio celestial el 23 de Septiembre de 1968. Tenía 81 años. Durante 4 días su cuerpo fue expuesto ante millares de personas que formaban una enorme columna que no conoció interrupción hasta el momento del funeral, al cual asistieron más de cien mil personas.

Millones visitan su tumba en el pueblo de San Giovanni Rotondo, Italia. Entre ellos el Papa Juan Pablo II. El P. Pío está sepultado en la cripta del Santuario de Nuestra Señora de las Gracias, San Giovanni Rotondo. Es visitado por un número siempre creciente de peregrinos de todo el mundo.

Los preliminares de su Causa de Beatificación y Canonización se iniciaron en noviembre de 1969.  Declarado Venerable el 18 de diciembre de 1997 y Beato, el 2 de mayo de 1999. Será declarado Santo el 16 de junio de 2002, en la Plaza de San Pedro en Roma, por S.S. Juan Pablo II. 

 

 

Pietrelcina

Pietrelcina, es un pueblo pequeño y agradable, a unos doce kilómetros de la ciudad de Benevento, en el sur de Italia. El pueblo esta situado a una altura de casi trescientos metros sobre el nivel del mar, sobre una planicie rodeada de colinas y riachuelos.

Es una tierra muy fértil, y los cultivos son mayormente trigo, tabaco, alcachofas y olivos. El sector más antiguo de Pietrelcina está localizado sobre el punto más alto de una pequeña colina, formada de piedra caliza, llamada: "La Morgia". En el corazón mismo del antiguo centro se encuentra el barrio "Castello". Allí creció el pequeño Francesco Forgione, el futuro Padre Pío.

En el 1909, por motivos de salud, el Padre Pío tuvo que abandonar el convento y vino a residir en Torretta, que quiere decir "pequeña torre", en la calle Vico Storto Valle. Vivió en aquella "torrecilla" que parecía unir el cielo y la tierra. Su cuarto era muy sencillo, apenas contaba con una cama, una mesa pequeña, y poco más. Desde allí se correspondía por carta con sus directores espirituales y desarrolló una íntima, profunda y hermosa relación con Dios. En ese cuarto tuvo varias apariciones de Nuestro Señor Jesús, la Virgen María, San José y San Francisco.

Pietrelcina será recordado siempre como aquél lugar que Dios escogió en el cual preparar al Padre Pío para su futura misión al mundo.

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San Giovanni Rotondo

 

 

Iglesia de San
Giovanni Rotondo

San Giovanni Rotondo se encuentra situado en el centro de un gran valle a 20 Km de Monte Sant'Angelo y a 567 metros sobre el nivel del mar.

El centro habitado se desarrolla en el altiplano del Pianoro, a medio camino entre las cimas más altas del Gargano, el Monte Nero y el Monte Calvo. La ciudad conserva todavía la estructura de una antigua aldea de montaña, con edificios blancos techados con la característica teja de barro rojo.

HISTORIA

No existen verdaderas fuentes históricas acerca del origen de San Giovanni Rotondo. Según la tradición, sus fundadores fueron los Griegos seguidores de Diomedes. Los primeros asentamientos habitados se remontan al neolítico y en la edad del hierro el territorio fue frecuentado por grupos ilíricos, que se convertirían en los futuros Daunios.

Entre el siglo IV y III a. C. la aldea fue romanizada y al este del asentamiento se construyó un templo que estuvo dedicado primero a Apolo, luego a Vesta y, finalmente, a Jano, y que fue apodado "La Rotonda" por su forma circular. Tras las excavaciones se hallaron tumbas pertenecientes a aquella época. Posteriormente, los habitantes de la zona se convirtieron al Cristianismo; el templo fue demolido y en su lugar se construyó una iglesia dedicada a San Juan Bautista.

En época normando-suabia, el Emperador Federico II fortificó el pueblo rodeándolo de murallas y torres (nada menos que una quincena) convirtiéndolo en una inexpugnable ciudadela.La ciudad pasó a parecerse a un castillo. Los peregrinos procedentes del Tavoliere de la Pulla y que se dirigían al Monte Sant'Angelo para venerar la cueva en la que apareció el Arcángel San Miguel, recorrían la Via Sacra Langobardorum.

Después de una pausa en los santuarios de Santa Maria di Stignano y de San Matteo, en San Marco in Lamis, se detenían casi siempre en San Giovanni Rotondo.

En San Giovanni Rotondo también dejó su huella San Francisco de Asís, en 1222, de regreso de la Sacra Cueva de San Miguel. Se construyó un convento franciscano en la que es actualmente la Via Michele D'Apolito, esquina Via Pietro Giannone, pero sus restos desaparecieron después de 1700.

(Fuente: Sito ufficiale della Postulazione della Causa)

 

Cartas del Padre Pío

Matrimonio11/4/1915

Hija querida del Padre celestial:

Su corazón es siempre el templo del Espíritu Santo. Que Jesús visite su espíritu y la consuele y la sostenga y saque del estado de desolación extrema en que la bondad de su Padre ha querido colocarla. Así sea. Perdone mi atrevimiento al permitirme dirigirle esta pobre carta mía sin haberle conocido nunca personalmente, porque debe saber que hace muchos años ruego al Divino Maestro darme a conocer ante El su alma y sus designios divinos sobre Ud. También ha sido beneplácito suyo manifestarme el estado actual en que Ud. se encuentra y El mismo me manda escribirle esta carta para que con ella reciba consuelo.

Que sea siempre bendito El también en esto. Hago votos ardientísimos al Señor para que la presente le sirva de mucho alivio y de total seguridad. Ahora Jesús me hace saber que no tema el amplio estado espiritual por la crisis actual que atraviesa, ya que todo resultará a gloria suya y al perfeccionamiento de Ud. El quiere que deje y abandone todos esos temores que tiene acerca de la salvación eterna, que no aumente esas sombras que el demonio va haciendo cada vez más densas para atormentarla y separarla de Dios si eso le fuera posible. Su desolación actual no es que Dios la abandone, ya que su divina misericordia la va haciendo cada vez más acepta: El permite todo esto para asemejarla a su Hijo divino en las angustias del desierto, del huerto y de la cruz. Lo mejor que puede hacer es aceptar con alegría y serenidad la prueba presente sin desear verse liberada. Humíllese bajo la poderosa y paternal mano de Dios, aceptando con sumisión y paciencia las tribulaciones que le envía para que pueda exaltarla dándole su gracia cuando El la visite.

Que toda su solicitud en medio de las tribulaciones, que la invaden totalmente, se centre en un abandono total en los brazos del Padre celeste, ya que El tiene sumo cuidado para que su alma, tan predilecta, no sea sometida al poder de Satanás.

Humíllese, pues, ante la Majestad de Dios y dele gracias continuamente, a tan buen Señor, de tantos favores con lo que sin cesar enriquece su alma de Ud. y confíe cada vez más en su divina Misericordia. No tema, vuelvo a repetirle en el Señor, quien le ha ayudado hasta ahora continuará hasta su salvación.

Ud. se salvará; el enemigo se revolcará en su rabia, siendo cierto que la misma mano que la ha sostenido hasta ahora, haciéndole enumerar infinitas victorias, continuará apoyándola hasta aquel instante en que su alma se oirá invitada por el Esposo celeste: "ven, esposa mía, recibe la corona que te he preparado desde la eternidad." Confianza ilimitada en el Señor debe tener pensando que el premio no está lejos: no pasará mucho tiempo sin que se realice en Ud. lo dicho por el profeta: "entre las tinieblas resplandecerá la luz" y luz en verdad es su actual desolación, luz que proviene de una singularísima gracia que no a todas las almas que caminan al cielo concede el Señor. Más aún, son poquísimas las almas que se hacen dignas de tal merced.

Ahora me parece que legítimamente puede ponerme esta objeción: Si es ésta una gracia -como Ud. Dice- y toda gracia da luz al alma, por qué a mí en vez de luz me trae tinieblas.? Esta réplica sería aceptable si se tratase de gracias de orden inferior, quiero decir de aquellas gracias que el Señor suele conceder a todos. Aquí, en cambio, el caso es muy diferente y yo hablo precisamente de Ud. La gracia del Señor de que se halla penetrada, sublimará su alma hasta la unión perfecta de amor. Ahora bien, el alma, antes de llegar a esta unión, y diré a esta así transformación en Dios o casi Dios por participación, necesita que sea purificada de sus defectos y de todas sus inclinaciones hacia las cosas materiales y sobrenaturales, y esto no sólo en cuanto a sus actos, sino también en cuanto a sus raíces en la mayor medida posible durante la vida presente. Necesita que sea despojada de toda potencia y de toda inclinación natural a fin de poder ser elevada a obrar de otro modo más divino que humano. Para obrar todas estas maravillas es necesario que una causa aflictiva interior las realice, y no es otra la gracia singularísima de que acabo de hablar y con la que el Señor la regala. Ahora bien, toda gracia produce luz, mejor dicho, es luz y, por consiguiente, cuanto más elevada es una gracia, tanto más sublime es su luz. Y ya que la gracia con que el Señor la ha enriquecido al presente es tan alta y sublime que tiende directamente a transformar el alma en una sola cosa con Dios, la luz que trae consigo es tan altísima que, penetrando el alma de modo trabajoso y desolador, la coloca en extrema aflicción y angustia interior de muerte. Y esto proviene de que esta gracia que produce luz tan sublime encuentra al principio el alma indispuesta para la unión mística y la penetra en forma purgativa y, por consiguiente, en lugar de iluminarla la obscurece; en lugar de consolarla la hiere, llenándola de grandes sufrimientos en el apetito sensitivo y de graves angustias y sufrimientos espantosos en sus potencias espirituales. Y así, cuando dicha luz, con estos medios, ha purgado el alma, la penetra entonces de forma iluminativa y la hace ver y la lleva a la unión perfecta con Dios.

También Santa Teresa fue sometida a tan durísima prueba: también ella experimento, y tal vez de modo bastante más penetrante que Ud., el efecto de esta luz purísima, que le hacía ver a Dios en lontananza sin tener posesión efectiva alguna, por lo que estaba transida de un dolor tan agudo que la hacía morir. Pero fue precisamente esa luz, que después de haberle purificado el espíritu con tan agudas puñaladas, lo unió finalmente a Dios con perfecto amor. El ejemplo de esta santa, mártir de amor, sírvale de estímulo y le haga combatir con fuerte ánimo para que, como ella, pueda obtener el premio a las almas generosas.

Comprendo muy bien que el encuentro es duro, penosísima la lucha, pero anímese pensando que el mérito del triunfo será y ande, la consolación inefable, la gloria inmortal y la recompensa eterna.
Termino recomendándole que viva tranquila porque nuevamente asegura Nuestro Señor Jesús Cristo que no hay lugar a tener miedo. Ensanche su corazón y deje al Señor que obre en Ud. libremente.

Ruegue por mí, que continuamente la recuerdo ante el Señor. Que Jesús la consuele siempre.

Un pobre sacerdote capuchino.


CampanasMis queridísimos hijos:

¡La gracia del Señor sobreabunde en vuestros corazones transformándolos totalmente en El!  Recibo con indecible consolación vuestra carta rebosante de filial afecto y me anima a ser sincero siempre con vosotros y a no dejar de amonestaros con franqueza en lo que os veo defectuosos. Dios sea bendito, carísimos hijos, por la santísima bondad que prodiga a esas vuestras almas que mi corazón ama verdadera e incomparablemente como a mí mismo. En primer lugar tengo que congratularme con vosotros de la constancia que tenéis en el servicio del Señor.

Esta vuestra constancia me hace esperar que, reconociendo vuestros defectos, en los que habitualmente caéis sin determinada y deliberada voluntad, os resolveréis a extirparlos con la asistencia de la gracia divina que os sobreabunda. ¿,Cuáles son, pues, los defectos que os reconocéis y que han echado raíces en alguno de vosotros, aunque no en todos? No me modero en notificároslos. Sé que entre vosotros los hay que han olvidado prontamente la gran estima que se debe a quien tiene sobre ellos la dirección inmediata. Se responde con arrogancia a esta dirección y, lo que es peor, se hace uno el sordo cuando es reprendido por alguna travesura. Referente a esto, tengo que lamentarme vivamente con los culpables. A ésos no les recuerdo otra cosa, ni les reprendo, más que la solemne promesa que me hicieron momentos antes de separarse de mí. Tengo la esperanza de que no volverán a caer en semejantes faltas. Todo me hace esperar la confianza total que tengo en Dios y la gran estima que me tienen estos queridos muchachos. Aparte de esto que os he comunicado no tengo motivos más que para congratularme con vosotros. Veo que vuestros corazones están siempre llenos de buenos deseos y esto me hace esperar que os entregaréis con todas vuestras fuerzas a corregiros de lo que os he manifestado en esta carta y también de todo aquello que os dije mientras fui vuestro director. Sé que os entristeceréis porque no podréis corregiros eficazmente de vuestras imperfecciones, pero debéis haceros fuertes, carísimos hijos, y recordad lo que tan a menudo os he repetido sobre el particular, o sea, que debéis trabajar igualmente en la práctica de la fidelidad a Dios para renovar vuestros propósitos con la misma frecuencia con que los transgredís y estando de sobre aviso para reconocer vuestra miseria y así no transgredirlos. Tened mucho cuidado de vuestros corazones para purificarlos y fortalecerlos a medida del número y magnitud de las inspiraciones que recibáis. Elevad frecuentemente vuestras almas a Dios; leed buenos libros con la mayor frecuencia que posible os sea, pero con mucha devoción; sed asiduos en la meditación, en las oraciones y en el examen de conciencia varias veces al día. Amad mi alma, que ama perfectamente la vuestra; y encomendadme siempre a la divina piedad como incesantemente hago por vosotros. No penséis jamás, mis queridísimos hijos, que la distancia del lugar separe las almas que Dios ha unido con el vínculo de su amor. Los hijos del siglo se encuentran todos separados los unos de los otros, porque tienen el corazón en distinto lugar; pero los hijos de Dios, teniendo el corazón donde tienen su tesoro y no teniendo todos más que un mismo tesoro, que es el mismo Dios, están, por consiguiente, siempre unidos...

Padre Pío, Capuchino

Cruz en el Techo


17/11/1914

Jesús la consuele siempre y la guarde en su santo amor. Así sea. Bendigo, amo y ruego siempre al Señor y en todo momento de mi vida le doy las gracias por tantos favores como ha concedido a Ud. y a su hermana. Sea, por siempre, jamás, bendecido el Padre de los huérfanos por haber devuelto en su bondad la vida a Juana. No les oculto el peligro extremo que corrió: fue arrebatada de las fauces de la muerte: había sido destinada a unirse con sus padres allá arriba. Solamente las numerosas oraciones pudieron suspender la ejecución. Les digo esto no para despertar en Ud. espanto y terror y sí para excitarles al agradecimiento y a una mayor confianza en el Autor de todo bien. ¡Cuán bueno es nuestro Dios! El quiso evitarles semejante desgracia. Vuelvo a exhortarles a confiar siempre en Dios y a no abandonarse a sí mismas como por desgracia suele ocurrir: No den lugar a la tristeza en el alma que impide la libre operación del Espíritu Santo. Entristezcámonos, sí, pero con santa tristeza al ver el mal que tanto se propaga y las muchas almas que apartaban de la fe. Ese no querer someter el propio juicio al de los demás, ni siquiera al del muy experto en la cuestión, es signo de poca docilidad y signo de soberbia. Uds. mismas lo reconocen, Uds. mismas están de acuerdo. Pues bien, anímense y eviten el caer en ello; sean todo ojos al respecto; el Señor está con Uds. atento siempre a escuchar sus secretas confidencias.

Si yo realmente he presionado y presiono al Corazón del Padre celestial por la salud de Juana y por la de Uds., El lo sabe. La curación perfecta de la enfermedad que martiriza a la pobre Juana no serviría a dar gloria a Dios, ni a la salvación de su alma, ni a la edificación de las personas que viven del espíritu de Jesús; por lo cual no puedo continuar, no puedo importunar más a su divina Majestad para que se la conceda. Rezaré, sí, y no la olvidaré, dondequiera que esté y en cualquier estado que me encuentre, para que el Señor quiera concederle habitualmente la salud que necesita para cumplir su oficio. Tengo la esperanza de que el Señor, siempre bondadoso, no rechazará la oración de su siervo y de que me concederá en favor de la pobre enferma más aún de lo que me atrevo a pedirle. El otro motivo por el cual me retraigo de pedir la curación perfecta de Juana, es porque su enfermedad le sirve de medio muy eficaz en el ejercicio de la virtud, y yo no puedo privar a esta alma generosa de tantos tesoros, por una piedad y un amor que Uds. entienden equivocadamente. Y Ud. recuerde que si hoy se encuentra en el buen camino es por aquella gracia que la Virgen de Pompeya le obtuvo en favor de su hermana. Consideren esto y no pretendan lo que el Señor no querría ni haría, porque se trata de imperfección en la fe por parte de Uds. Piensen en lo que les he dicho; que el Señor sé lo haga comprender. Manténganse fuertes en la fe y quedarán rechazadas todas las malas artes del enemigo. Esta es la advertencia que nos da San Pedro, Príncipe de los apóstoles: "Sed sobrios y vigilad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, os acorrala buscando presa; resistidles firmes en la fe," y para dar mayores ánimos añade: "Sabiendo que lo mismo tienen que sufrir vuestros hermanos que pueblan el mundo." Sí, querida, en el momento de la lucha recuerden su fe en las verdades cristianas y de modo singular reaviven su fe en las promesas de vida eterna que el Señor ha hecho a quienes combatan con ánimo y fortaleza. Que les infunda ánimo y valor el saber que no se está solo cuando se sufre, ya que todos los cristianos del mundo sufren las mismas penas y se hallan expuestos a las mismas tribulaciones. Recordemos también que el destino de las almas elegidas es el sufrimiento, condición a la que Dios, autor de todo y de todos los dones conductores a la salvación, ha fijado para darnos la gloria.

Arriba los corazones llenos de confianza en solo Dios. Humillémonos bajo su mano poderosa, aceptando con buena cara las tribulaciones que nos manda, para que pueda exaltarnos el día de su llegada. Toda nuestra solicitud la ponemos en su amor más de lo que se pueda decir o imaginar.

Padre Pío, Capuchino


San Giovanni Rotondo, 3-9-1918.

Carísimo :

Que Jesús te conforte y esté siempre contigo. 

Recibo tu carta en la que me describes tus imperfecciones y tus penas, y querría poder aliviarte y enviarte algún remedio a tu enfermedad. Pero, hijo mío, siento no poder hacerlo como seria mi deseo, porque ni el tiempo me lo permite ni me acompañan las fuerzas ni físicas ni morales. Me encuentro muy mal y me doy cuenta de haber llegado a ser superlativamente pesado a mí mismo.

La mayor parte de lo que me dices y de lo que silencias no necesita, de ordinario, más remedio que el paso del tiempo y de los ejercicios practicados según la regla bajo la cual se vive.

Hay igualmente algunas enfermedades físicas cuya curación no se consigue tomando medicamentos y sí, con modo idóneo de vivir.
El amor propio, la propia estima, la falsa libertad de espíritu, son raíces que no pueden arrancarse del corazón facilmente; pero puede impedirse que produzcan sus frutos, que son los pecados. Porque sus brotes y salidas, o sea las primeras sacudidas y primeros movimientos, no pueden impedirse del todo mientras estamos en este mundo; pero se puede, y en esto debemos poner todo nuestro cuidado, moderar y disminuir su ímpetu y manera con la práctica asidua de la virtud contraria y particularmente de la humildad, de la obediencia y del amor a Dios.

Hay que tener paciencia, pues, y no desanimarse por cualquier imperfección o porque se cae en ella frecuentemente sin quererlo. Quisiera tener un buen martillo para romper la punta de tu espíritu, que es demasiado sutil en los pensamientos de tu avanzar espiritual. Pero te lo he dicho muchas veces, querido, y te lo repito otra más: en la vida espiritual hay que caminar con gran confianza.

Si obras bien, alaba y dale gracias al Señor por ello; si te acaece obrar mal, humíllate, sonrójate ante Dios de tu infidelidad, pero sin desanimarte; pide perdón, haz propósito, vuelve al buen camino y tira derecho con mayor vigilancia. Ya sé muy bien que no quieres obrar mal dándote cuenta; y las faltas que cometes inadvertidamente sólo deben servirte para adquirir humildad.

No temas y no te angusties con las dudas de tu conciencia, porque ya sabes que obrando con diligencia y haciendo tú cuanto puedas, sólo te queda pedirle a Dios su amor, ya que El no desea otra cosa que el tuyo.
Practica cuanto has aprendido de mí y otros; no temas y procura cultivar con tu amor, con diligencia, la suavidad y la humildad interior. Había prometido ir ahí a pasar unos meses y poder veros a todos y deciros cosas hermosas de Jesús; y confortaros y confirmaros en las santas resoluciones; pero conviene renunciar, aun sintiéndolo mucho, por ahora, a causa del motivo arriba expresado. Por ahora, Jesús no me lo permite y fiat! Cumpliré la promesa en cuanto el Señor lo quiera. Pido continua y ardientemente al cielo mil bendiciones para ti y para nuestros hermanos, y sobre todo para que seas humilde y manso de corazón, y para que aproveches de las pruebas a que piadosamente te somete el Señor, recibiéndolas amorosamente por amor a quien por el nuestro toleró tantísimas.

Salúdame a todos, os abrazo a todos. Salúdame a Fray Marcelino y dile que recibí su tarjeta y se lo agradezco de corazón, y si necesita algo de mí antes de que vaya yo ahí, que me escriba tan sólo.

Padre Pío


Muy Rvdo. Padre:

La paz del dulcísimo Jesús esté siempre en su corazón y su santísima gracia le haga santo. Su alma es muy acepta al Padre Celeste; por eso le ruego que no tema, pues no hay motivo alguno. Agradezcamos a la Piedad del Señor por haberle hecho digno de su respeto. En cuanto al estado de aquellas almas por las que se ha interesado preguntándome: He aquí lo que el tiernísimo Jesús se ha designado darme a entender. Aquella alma que vivió pecadora fue vencida al fin de su vida por la divina gracia. De aquellas otras dos almas el Señor nada ha dicho hasta el presente. ¡Qué bueno es, querido Padre, nuestro tiernísimo Jesús! ¡Oh si todos los hombres comprendiesen su Amor!

Encomiéndeme al Señor.

Un pobre frailecillo.


Mi queridísima Hija:

Continua poseyéndote toda Jesús, y mirándote como elegida. Recibo la tuya y he comprendido todo, y lo he comprendido todo en toda su verdad, expresada con tanta exactitud y claridad y sin contrariarla en nada. Por eso puedes y debes estar tranquila en lo referente a esa duda que te preocupa y trastorna. Ya no es la Justicia, mi buena hija, es el Amor crucificado que te crucifica y te quiere asociada a sus amarguísimas penas y sin más apoyo que el de las angustias de la desolación. La justicia nada tiene que vengar en ti, pero sí en otros, y tú, víctima, debes por los hermanos aquello que falta todavía en la Pasión de Jesucristo. Esta es la verdad y sólo la verdad. No te afanes buscando a Dios lejos de ti: está dentro de ti, contigo, en tus gemidos, mientras le buscas está como una madre que incita a su hijito a que la busque y ella se encuentra detrás y con sus manos le impide que llegue.

Desgraciadamente comprendo las angustias de tu estado; se asemejan a las del infierno, pero no te preocupes, no te asustes. Además no sé qué aconsejarte, hijita, para aliviar tu martirio; y es inútil porque el Omnipotente te quiere en holocausto. Sólo te aconsejo que imites a Isaac en manos de Abraham y que esperes contra toda esperanza. Los mártires no sólo sufrieron sino que murieron en el dolor y no encontraron a Dios más que en la muerte. No temas de ningún modo las vejaciones de Satanás: nada podrá El contra quien está sostenido de modo singular por la gracia vigilante del Padre celeste. Debe bastarte saber que en este furioso asedio tu alma no ofende a Dios y le da además la más hermosa prueba de su felicidad, al mismo tiempo que va embelleciéndose a los ojos divinos. Esta es la verdad, y si dijera otra cosa no sería cierto. Guárdeme el Señor de caer en tamaño desatino. Quisiera también que durante la tempestad gritases siempre: ¡Señor, sálvame,! para que no te hagas acreedora al reproche: "Alma de poca fe, por qué has dudado.?" Déjate, pues, llevar, arrastrar y tragar por la tempestad, que en el fondo del mar encontrarás, como Jonás, el Señor que te salva. Cuando me escribas cuéntame también el sueño que tuviste.

Te agradezco cuanto haces por mí ante el Altísimo. Y ahora, qué diré, hija, de mí? Estoy siempre colgado en el duro patíbulo de la cruz sin ayuda y sin descanso. Mi alma va muriendo en su dolor, sin el consuelo de poder ver un día el rostro de Dios que con tanta ansia se busca y nunca se encuentra.

¡Ay de mí! Qué podré hacer para alcanzar la gracia de aquel Dios que tal vez rechacé y del que justamente soy rechazado.’, ¡Dios mío!, no soy capaz de decir otra cosa. La plenitud del dolor me mata y me hace perder el sentido. Ayúdame con tus plegarias ante el Señor, para que la prueba resulte agradable a Dios y sirva de rehabilitación a mi alma. Me encuentro levantado no sé como en el ara de la Cruz desde el día de la fiesta de los santos Apóstoles, sin jamás descender ni por un instante. Anteriormente era interrumpido el suplicio algún instante, pero desde aquel día, hasta aquí, el sufrimiento es continuo sin intemipción alguna. Y este penar va siempre en aumento. ¡Fiat!

Te bendigo con paternal cariño y a ti me encomiendo.

Padre Pío
San Giovanni Rotondo, 21-7-1918.


I. M. F. P.

Siento como mías todas sus aflicciones. El verle tan conmovida me mueve espontáneamente a decir al Señor que mande al enemigo, que desista del feroz asedio, o que le dé a Ud. más fortaleza para resignarse con suavidad a su voluntad santísima.

Mientras me aflijo y ruego de esta manera, siento una alegría espiritual al considerar el singularísimo amor que Jesús le tiene. Señal cierta de este amor es la tempestad que ruge sobre su cabeza y que la va transformando por entero. No crea que ésta es una condición personal; Es Dios mismo quien advierte que la tentación es una prueba de que el alma se está uniendo con Dios: "Hijo, si te aprestas a servir a Dios, prepara tu alma a la tribulación."

El que se vea perseguida quiere decir que está en el camino del servicio divino y cuanto mas amiga y fiel sea de Dios tanto más arreciará contra Ud. la tentación. La tribulación es señal clarísima de que el alma está unida a Dios: "Con El estoy en la tribulación." Todo lo que rodea a su alma de desalentador no puede ser que Dios castigue sus comuniones y confesiones mal hechas, ni por otras prácticas de piedad realizadas sin cuidado; créame, esos pensamientos son verdaderas y clarísimas tentaciones que debe desechar lejos de Ud. porque no es verdad de ninguna forma que ofenda a Dios, ya que el mismo Señor con su gracia vigilante la preserva. Cuando el alma gime y tiene miedo de ofender a Dios no le ofende, está lejísimo de tal cosa. La gracia divina está con Ud. y el Señor la quiere muchísimo. Las sombras, los temores, las persecuciones contrarias con artefactos diabólicos que debe despreciar Ud. en nombre de Jesús. No dé oídos a estas tentaciones. Pertenece al enemigo el hacer creer que nuestra vida pasada esté totalmente sembrada de pecados. Escúcheme, la conjuro de parte de Jesús que procure sentir que precisamente esto es lo que dice el Esposo del alma y que yo le digo ser su presente estado: Un efecto de su amor para con Dios y una prueba del incomparable amor de Dios para Ud. Rechace todos esos temores, no aumente las sombras que el enemigo va haciendo cada vez más densas para atormentarlas y alejarla si le fuera posible hasta de la comunión diaria. Consuélese y alégrese sabiendo que el Padre celestial permite estos ataques del enemigo para que su misericordia la asemeje más a su divino Hijo en las angustias del desierto, del huerto y de la cruz; si, el Padre celestial quiere que se asemeje a su Unigénito, que habiendo asumido sobre sí la iniquidad de los hombres fue atormentado de manera terrible e inefable. Esté, pues, agradecida, porque la trata como alma predilecta, que pueda seguir de cerca a Jesús por la cuesta del calvario; y yo veo con emoción y alegría vivísimas en mi corazón esta manera de obrar de la gracia de Dios con Ud., queridísima hermana del corazón.

Padre Pío


Queridísima hija:

Jesús te bendiga, sea siempre el Rey de tu corazón y te trate como le agrade protegiendo tu alma en la durísima prueba espiritual, que si es prueba efectiva, también será prueba amorosa. Constantemente elevo oraciones al Señor por ti: Te ruego estés firme, segura, constante, que permanezcas inmutable contra cualquier prueba y persuasión contraria: No temas, vuelvo a decirte, hija mía. Permanece en las aseguraciones que te he hecho y que te hago en el dulcísimo Jesús. El está contigo y se complace en tu alma y tú ámalo y sírvelo con fidelidad y delicadeza sin que tú lo sepas y lo conozcas.

No ofendes en modo alguno al Señor; más bien lo quieres con un amor grandísimo, y es por esto por lo que el Señor ha puesto su mirada de suma complacencia sobre ti. El te ama con predilección, y es precisamente por esto que te va sometiendo a todas las pruebas de su dolorosísima pasión. Así pues, hija mía, es tu estado admirable desde todos los puntos de vista. Resígnate y fortalécete por las consideraciones de lo que te digo y que te vienen hechas por quien ocupa el lugar de Dios y que te ama inmensamente en El. Que te sea suficiente, queridísima hija, estas consideraciones y perdóname si no me extiendo más como desearía, porque también yo me encuentro herido por la epidemia. ¡Qué contento estaría yo si esta enfermedad fuese propicia a darme el último golpe de gracia!, mas es inútil esperarlo. Hay que continuar viviendo y por mucho tiempo todavía, para poder apurar enteramente el cáliz de Getsemaní hasta las últimas gotas y exhalar el último suspiro de vida en el Calvario entre el abandono de todo y de todos.

Mis sufrimientos interiores crecen y crecen cada vez más sin el menor descanso. Pero te suplico que no te aflijas en demasía por esto, sabiendo que así lo quiere el Señor, porque así desea ser amado de sus criaturas.
No deseo otra cosa, pues, de ti, sino que como una nueva María asistas al crucificado con tus oraciones y sufrimientos y ofrezcas las penas de El a la divina justicia para que un día tenga misericordia de mi.

Acabo de recibir noticias de casa que me hacen saber que he perdido una hermana y un sobrino, y que mi madre se encuentra también ella en triste estado. Te dejo que supongas el desgarro de mi alma y de mi corazón, y no me queda más que hacer y repetir con Job: "Dios me lo dio, Dios me lo quitó, sea bendito su santo nombre." Una oración por la pobre difunta y otra por mi madre a fin de que sea apartada de la muerte, si a Dios le place, y que El de a todos la santa resignación.

Te bendigo con todo afecto.

Padre Pío

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el confesionario

Quien participaba en la celebración eucarística del Padre Pío, no podía quedar tranquilo en su pecado. La Santa Misa elevaba a todos los presentes en el ministerio de Dios, que no dejaba en paz a quien vivía lejos de Él.
Después de la Santa Misa, el Padre Pío se sentaba en el confesionario para administrar la misericordia de Dios a los arrepentidos.

Empezaba con los hombres hasta las nueve; de nuevo a las once y media, confesaba a las mujeres. En la tarde estaba a disposición de todos, pero dando la preferencia a los hombres, porque decía: "son los que más lo necesitan".

Hay muchas anécdotas sobre el ministerio que el padre Pío representaba en el confesionario. He aquí unos pocos:

Siendo muchos los que querían confesarse con el Padre Pío, sé penso en poner orden hasta donde fuera posible.

En honor a este orden, algunos para confesarse debían esperar su turno hasta tres o cuatro horas.

Muchos, de los más empedernidos, iban a San Giovanni Rotondo, no para confesarse, sino por curiosidad o para reírse.


Una trampa


Una señora estaba angustiada porque el marido no quería confesarse. En ocasión de su onomástico, le pidió al marido un regalo.

"¡Lo que quieras!" Le contestó éste.

"¡ Acompáñame a San Giovanni Rotondo!"

Se puso rabioso.

"¡ Esto es una trampa! ¡Esto no es honesto!"

"¿Por qué no es honesto? ¿No me prometiste darme lo que yo quisiera?"

La acompañó a regañadientes y estando siempre de mal humor. Llegando por la tarde a San Giovanni Rotondo, lo primero que le dijo fue: "¡Mañana mismo nos regresamos en el primer tren!"

"¡Está bien!" le contestó la señora.

Durante toda la noche no pudieron dormir. A las dos de la madrugada todo el mundo se levantó para asegurarse un lugar en la Misa de las siete.

Se levantaron también ellos. Pero el marido, siempre de mal humor, dijo a la señora:
"Si quieres, que te acompañe, déjame en paz y no pidas que me confiese".

Durante la misa le tocó un lugar bastante cerca del padre Pío. La señora rezaba por la conversión de su esposo. Terminada la celebración, el primero en seguir al Padre Pío rumbo a la sacristía para la confesión, fue exactamente este señor. Después de un rato regresó donde estaba su esposa, y, con un rostro lleno de luz y alegría exclamó:

"¡Hecho! ¡Ya me confesé!"

"¡Que hombre es este Padre Pío! ¡Me detuvo y me puso como nuevo!"

"¿Cómo no confesarse después de una misa como ésta?"

Luego, echando el brazo al cuello de su Señora, le dijo: "¡No conviene que nos vayamos pronto! ¡Quedémonos una semana!"


¡Vete, vete de aquí!

Mientras estos esposos gozan la gracia de Dios, en la sacristía, donde el Padre Pío esta confesando, se oye el golpe violento de la ventanilla del confesionario.

Sale una muchacha llena de lágrimas, que dá la vuelta y va enfrente del Padre para suplicarle que la confiese.

"¡Vete, vete de aquí!" le dice el Padre Pío en tono enérgico. "¡No tengo tiempo para ti!"
Ella continua sollozando como si el corazón le estuviera estallando.

Nadie se mueve. Se crea un profundo silencio, y los ojos de todos están sobre la muchacha. El Padre Pío continua confesando tranquilamente.
Padre PíoSe le acerca otro padre que esta encargado del orden y le dice: "Tranquilízate. No tengas miedo".

Se la lleva luego un poco lejos del confesionario y dialoga con ella. Al fin la muchacha se retira confortada, besándole la mano.

Una persona se le acerca a este religioso y le pregunta:

- "¿Por qué el Padre Pío es tan duro con ciertos penitentes?"

-
"El Padre Pío", contesta el padre, "lee las consciencias y recibe a los que no están bien dispuestos".

- "¿Y si estos no regresan?"

"¡Pierda cuidado! el Padre Pío no las rechazaría si no supiera que regresarían. Para lavar un corazón es necesario una lluvia de lágrimas. 
Un buen medico no titubea en usar el bisturí".

"Entonces….esta muchacha…"

"¡No se preocupe! Ella vino, quizás por curiosidad, Muchas mujeres vienen por curiosidad. El Padre Pío lo intuye. No quiere que se confiesen para verlo. ¡Esa no es una confesión! Dentro de dos o tres días esta muchacha regresara preparada. ¿Cree usted que el Padre Pío no haya ya orado por ella? Pero es necesario esperar que la gracia actúe". 


Te veo muerto

Otro día, un comerciante de la ciudad de Pisa llega a San Giovanni Rotondo a pedir al Padre Pío la sanación de una hija que estaba muy enferma.

Cuando estuvo frente al padre, este lo miro y le dijo: "Tú estas mucho más enfermo que tu hija. Yo te veo muerto"

"¿Que dice, Padre? ¡Yo estoy muy bien!"

"¡Miserable!" Le grita el Padre Pío. "¡Infeliz! ¿Cómo puedes estar bien con tantos pecados en la conciencia? Estoy viendo por lo menos treinta y dos!"
El hombre se sorprendió mucho, y terminó arrodillándose para confesarse.
Terminada la confesión, el comerciante de Pisa decía a todos: "El sabía todo y me ha dicho todo"



Un criminal

En otra ocasión un hombre, relacionado con una organización criminal, había decidido matar a su esposa. Para hacer creer que se trataba de un suicidio, penso acompañarla a San Giovanni Rotondo, simulando amor y fe. Era un ateo, que no creía ni en Dios ni en el diablo. Aprovechando el viaje, entro en la sacristía donde confesaba el Padre Pío para, observar este "típico fenómeno de histerismo".

Apenas el Padre Pío lo ve, se le acerca, lo coge del brazo y le grita: "¡Fuera, fuera, fuera! ¿No sabes que té esta prohibido mancharte las manos con sangre? ¡Vete!"

Todos los presentes quedaron aturdidos. Enloquecido, el pobre infeliz huyó, como si le hubiera caído fuego encima.

"¿Que pasó en la noche?" Solo Dios lo sabe y el Padre Pío. A la mañana siguiente el hombre estaba a los pies del Padre Pío, que lo acogió con amor, lo confesó, le dió la absolución y luego le abrazó tiernamente. Antes de que se retirara le dijo: "Tu siempre has deseado tener hijos, ¿no es verdad?

El hombre lo miró sorprendido, y luego le contestó: "Sí y mucho".

"Bien, ahora no ofendas más al Señor y tendrás un hijo".

Un año después, retornaron los dos esposos para que les bautizara al hijo.


¡Me ha dicho todo!

Un día un hombre salió de la iglesia, después de haberse confesado con el Padre Pío, y se puso a gritar loco de alegría, a todas las personas que se le acercaban: "Hacía 35 años que no entraba en una iglesia. Si, 35 años que no quería saber nada ni de Dios ni de la Virgen no de los santos. ¡Llevaba una vida de infierno! Un día una persona me dijo: "¡Vaya a San Giovanni Rotondo!" Solté la carcajada y contesté: "Si usted cree que ese padre me va a convencer está muy equivocada!.

Pero esta idea no me dejó en paz. Era como una perforadora que excavaba dentro de mí, finalmente no pudiendo mas, me dije: "¿Por qué no ir? Así acabaré con esta obsesión".

Llegué anoche. No había lugar para uno como yo, acostumbrado a las comodidades. Pasé la noche pensando en mis pecados y sudando abundantemente. A las dos de la madrugada, se oyeron varios despertadores. Me levanté con todos los demás, pero blasfemando contra todos. No obstante, me dirigí a la iglesia. No entendía lo que me sucedía por dentro. Esperé como los demás y entré como los demás. Asistí a la Misa del Padre Pío. ¡Qué Misa! Me mordía los labios, me defendía…pero no tenía nada que hacer, comenzaba a perder terreno. La cabeza me estaba explotando. Después de la misa seguí a los hombres que iban a la sacristía como un autómata. Al entrar, el Padre Pío vino a mi encuentro y me dijo: ¿No sientes en la cabeza la mano de Dios? Yo contesté: "Confiéseme, padre"

Apenas me había arrodillado, sentí la cabeza vacía como una olla. Me era imposible recordar mis pecados. El padre esperó un poco y luego me dijo: "Animo, hijo, ¿no me dijiste todo durante la Misa? ¡Animo! ¡Y me dijo todos mis pecados! Yo le contestaba solamente "Sí". "¡Ahora me siento limpio como un niño! ¡Ahora me siento feliz!"

 

 

 

Su Vida Espiritual

Desde su más temprana edad Francesco Forgione fue un hombre de oración. Era considerado por los demás como un niño callado ya que raras veces jugaba con ellos porque "ellos blasfemaban". Este rechazo al pecado le causaba la necesidad de escaparse a rezar a la iglesia de San Pío V. 
Otras veces solía sentarse bajo un árbol que le encantaba, que estaba 
en la propiedad de su padre, " a pensar en Dios".
Padre Pío a los 14 añosA la edad de 5 años, Francesco ya quería ser sacerdote Franciscano Capuchino, en parte por 
el hábito y la barba, que le encantaban, pero también movido por las ganas de buscar la perfección, fruto de la Gracia de Dios.

Sin embargo, su ascenso por la escalera
de la santidad requeriría más que aspiraciones piadosas y escapes del mundo. Ya desde muy joven éste caminar hacia 
la santidad le conllevaría a una batalla inmensa contra la carne y el demonio. 
Por ejemplo, para el niño Francesco la mortificación no era algo extraño. Aún cuando la familia de por sí contaba con raciones pequeñas en las comidas, Francesco de vez en cuando dejaba de comer. También la madre 
lo encontró a los nueve años durmiendo en el piso con una roca como su almohada (esto parece que lo había estado haciendo el niño ya por un tiempo). Dicha austeridad se convertiría en un sello que lo caracterizaría para toda su vida. El también experimentó ataques personales con el demonio, quien se le aparecía en formas horribles en sueños. Más tarde 
en su vida, estos ataques fueron de una forma más directa, llegando hasta el punto de ser ataques físicos.

AngelSin embargo Dios nunca lo abandonó, ya que le proporcionaba visiones consoladoras de la Santísima Virgen y de su Angel Guardián. En una ocasión, su futura batalla contra el mal le fue revelada. En una visión que tuvo un día después de la Comunión, se vió él mismo en medio de un gran salón entre dos grupos de personas, un grupo tenía semblantes preciosos, mientras los otros eran horrorosos. En ese momento, un monstruo enorme salió del fondo del salón hacia él, pero Jesús se apareció para darle fuerzas a Francesco. Antes de que aquel monstruo llegara donde Francesco, le calló un rayo y desapareció. Nuestro Señor le dijo, "Este es el malvado con quién tienes que batallar". Verdaderamente, todas las biografías de la vida del Padre Pío muestran cómo esta visión profética se hizo realidad, hasta en el más mínimo detalle.

Padre Pío JovenEl año 1903 fue testigo de la entrada 
de Padre Pío, de quince años, a la vida religiosa o al camino de la perfección. Aunque los religiosos no son por su forma de vida necesariamente perfectos, las vivencias de los tres consejos evangélicos (pobreza, castidad y obediencia) ayudan 
a hacerlos perfectos. Nuestro Señor, aconsejando a aquellos que desean ser perfectos, les ofreció una forma de entregarse completamente a Dios, renunciando al derecho de matrimonio 
(Mt. 19:12), a los bienes materiales (Mt. 19:21a) y a la volundat propia (Mt. 19:21b). Fue en este momento, a la entrada al noviciado, cuando Francesco fue recibido con el nombre de Fra. Pío (Hermano Pío) ; Fra. para indicar que era un Fratello (Italiano) religioso o Frater (Latín), 
y Pío para indicar, por medio del cambio de su nombre, la nueva vida que ahora comenzaba. Solo después, en la ordenación sacerdotal en 1910, es que él asume el nombre por el cual es y será conocido por siempre: Padre Pío.

Como lo muestra este pequeño resumen, el Padre Pío recorrió los pasos tradicionales y comprobados de un camino a la santidad, renunciando 
al mundo, la carne, y al demonio por medio de la oración y la mortificación, coronado por el abandono total a los consejos evangélicos de la pobreza, 
la castidad y la obediencia. También se puede decir que el sacerdocio 
del Padre Pío le dió una mayor fuerza a su unión con Cristo, Sacerdote 
y Víctima, sin el cual es imposible entender al Padre Pío de Pietrelcina.

 

 

Misticismo en términos generales

En términos generales y de acuerdo con la doctrina de los Padres y Doctores de la Iglesia, el proceso de crecimiento espiritual en santidad
y unión con Dios en oración, se desarrollan en conjunto. Comenzando 
por la prácticas más simples y humanas, la persona es trasformada, supernaturalizada, en su vida exterior ante el hombre y en su vida interior ante Dios. Este progreso se puede resumir como vaciarse del yo y llenarse de Dios, o dejar atrás el hombre viejo (Adán) y tomar el hombre nuevo (Cristo) o simplemente asemejarse a Cristo. Ello implica esfuerzo por parte del cristiano, pero mayormente la iniciativa y la gracia de Dios para elevar 
a la persona a lo alto de la santidad a la que todos estamos llamados, mas 
no todos logramos alcanzar. Padre Pío es uno de los que siguió este llamado.

Padre PíoCrecimiento Espiritual. El Concilio Vaticano II, en su Constitución Dogma de la Iglesia Lumen Gentium (capitulo V), afirmó lo que 
la Iglesia siempre ha enseñado, que todo cristiano esta llamado a la santidad. Jesús dijo " Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial" (Mt 5:48), sin embargo, nosotros sabemos como lograrlo. Padre Pío, siguiendo el ejemplo de santos, subió esta escalera mística que nos lleva a Dios.

La enseñanza común de la Iglesia divide el camino a la santidad en tres partes. Estas son etapas generales, hechas para la purificación de la naturaleza humana que se aplican a todos en cierta forma mas no necesariamente de la misma manera. Dios, en Su Sabiduría aplica este patrono general según las necesidades de cada cual, dependiendo de
su tipo de vida (activa vs. contemplativa) y de acuerdo con las debilidades
o fortalezas de la persona. Sin embargo, estas divisiones son útiles porque explican el crecimiento en santidad y oración.

I. El Camino de los Principiantes. La persona que se vuelve hacia Dios en fe, y ha sido bautizada, entra en el camino de principiantes (Jn. 3:5). Han sido justificados por medio de las aguas bautismales, han recibido la gracia santificante, las virtudes teológicas de fe, esperanza y caridad (1 Cor 13), las virtudes morales o sobrenaturales infundidas (Sab 8:7), y los dones del Espíritu Santo (Is 11: 2-3). Sin embargo, estas personas son aun bebés en 
su caminar. Dios les da leche mas no comidas sólidas(1 Cor 3:2), ya que no pueden tolerar nada mas fuerte. Están llamados a entregarse más y más a la sabiduría que vive en ellos para que puedan ser santificados completamente (Rom 6:19), recibiendo gracia tras gracia (Jn 1:16).

Padre PíoPero para recibir, esta alma debe vaciarse de las ataduras del pecado, del apego a las criaturas y del apego a sí mismo. Por esta razón el camino de los principiantes es también llamado el camino Purgativo
El principiante en la vida espiritual debe dedicarse a dejar los pecados mortales, los lapsos morales que no solo pueden terminar su progreso en la vida espiritual sino hasta lanzarlo al infierno, si muriera en esa condición. Una vida 
en pecado mortal es incompatible con la gracia de Dios (1 Cor 6:9-11). 
El principiante debe sacar de raíz dicho pecado de su vida ya que Dios 
no lo forzará a ser santo cuando el pecador mismo es el que pone obstáculos
a la acción de la gracia. Esto solo puede ser alcanzado por un esfuerzo personal persistente para evitar el pecado y arrepentirse inmediatamente
de él cuando es cometido. Cristo nos ha dado los medios sacramentales necesarios llenos de gracia (la Reconciliación y la Eucaristía) para obtener la victoria y si se utilizan con frequencia y de una manera correcta, esta victoria podra ser obtenida. Por tanto, es de verse que dicha victoria es poco probable obtenerla en esta temprana etapa de la vida espiritual.

El esfuerzo de corregirse a sí mismo debe ir acompañado por el esfuerzo 
de acercarse más a Dios. (Santiago 4:8). Esto es alcanzado por medio 
de la oración. Conocer más a Dios nos lleva a amarlo más, este gran amor
a Dios nos lleva a quererlo conocer cada vez más. Por esta buena razón, 
las Escrituras nos revelan que la intimidad con Dios es como la intimidad
y el conocimiento en el matrimonio (Gen 4:1, Oseas 2:19-20, Cantar de los Cantares, Ef 5: 23-32, Apoc. 19:9) en el que amar y conocer se hacen uno.
A Dios se le conoce solo por fe, de tal manera que la persona que desee crecer en caridad, (amor por Dios y por los demás ya que amamos a Dios) debe crecer en la virtud de la fe. Esto se logra ejercitando la fe que ya tenemos, es decir, por medio de la cooperación con la gracia de fe que ya tenemos, dejamos que esta misma crezca, un crecimiento que solo Dios nos puede dar. Esto se logra por medio de oración y meditación de las verdades que ya sabemos, por medio de la fe. El llamado de las escrituras para lograr esto está en el gran libro de oración de la Biblia: los Salmos; el Salmo 1.

1 Dichoso el hombre que no sigue
el consejo de los impíos,
ni en la senda de los pecadores se detiene,
ni en el banco de los burlones se sienta,
2 mas se complace en la ley de Yahveh,
su ley susurra día y noche!
3 Es como un árbol plantado
junto a corrientes de agua,
que dá a su tiempo el fruto,
y jamás se amustia su follaje;
todo lo que hace sale bien.

Salmo 19
8 La ley de Yahveh es perfecta,
consolación del alma,
el dictamen de Yahveh, veraz,
sabiduría del sencillo.
9 Los preceptos de Yahveh son rectos
gozo del corazón;
claro el mandamiento de Yahveh,
luz de los ojos.
10 El temor de Yahveh es puro,
por siempre estable;
verdad los juicios de Yahveh,
justos todos ellos,
11 apetecibles más que el oro,
más que el oro más fino;
sus palabras más dulces que la miel,
mas que el jugo de panales.
12 Por eso tu servidor se empapa en ellos,
gran ganacia es guardarlos,
13 Pero ¿quién se dá cuenta de sus yerros?
De las faltas ocultas límpiame.
14 Guarda también a tu siervo del orgullo,
no tenga dominio sobre mí.
Entonces seré irreprochable,
de delito grave exento.
15 ¡Sean gratas las palabras de mi boca,
y el susurro de mi corazón,
sin tregua ante ti, Yahveh,
roca mía, mi redentor.

Padre PíoLa prosperidad del hombre justo no es la prosperidad material sino la prosperidad 
en gracia, en el conocer y amar al Señor. Esto llega al hombre cuando éste sigue los caminos del Señor (extrayendo, de raíz, 
el pecado de su vida) y meditando en la Ley del Señor noche y día. Por Ley se referían en los Salmos a la Torah, los libros de Moisés, lo que había sido revelado por Dios hasta entonces. Para la Revelación Divina Católica, esta ley consiste en las Sagradas Escrituras y la tradición, aunque todo lo que concierne a la fe enseñado por la Iglesia es digno de meditación.

Por lo tanto, la persona que medita considera lo que Dios le ha revelado para cambiar su vida. Esto significa que meditar es más que un simple estudio. Es la conversación en oración con Dios sobre Su Verdad y su significado y la aplicación de dicha Verdad en la vida de la persona. ¿Cómo me enseña a amar a Dios?, ¿Cómo me enseña a amar a mi prójimo?, ¿Qué cambios son requeridos en mi vida?. La meditación nos lleva a un mayor conocimiento de la verdad revelada y a un mayor conocimiento de Dios, 
así como un esfuerzo práctico de amar y servir a Dios y al prójimo.

Mientras una persona practica fielmente la meditación, así sea utilizando las Escrituras, el Catecismo, el rosario o alguna otra fuente de verdad divina, es normal que por medio de la mente humana simplifiquemos el concepto de las cosas – sacando de la complejidad de muchas ideas una simple noción de la verdad. Al igual que al conocer bien a una persona, el conocimiento de Dios y Su verdad revelada se convierten en conocimiento intuitivo más que de la simple razón. En el corazón humano el amor a Dios también se convierte en un amor simple y directo, sin complicarse con motivos poco importantes. Este tipo de oración ha sido llamada contemplación adquirida (en cuanto al intelecto) o la oración de la sencilla unión (en cuanto a la voluntad). Adquirida significa que está al alcance del esfuerzo humano y no es en sí sobrenatural. Si meditación es como mirar un bello atardecer y pensar en los bellos colores rojos, verdes, púrpuras, las nubes, la tierra, analizándolo y apreciándolo desde varios ángulos y distintas perspectivas; la contemplación abarca todo como si fuera una sola cosa, experimentando el asombro y la grandeza inexpresable de ello. En cuanto a la voluntad, la persona se encuentra amando a Dios con facilidad, sin tener que hacer el mayor esfuerzo para entrar en este fervor. Esta simplicidad gemela de lo intelectual y de la voluntad es el requisito inmediato para la oración sobrenatural, a lo que se le llama contemplación infundida u oración mística, que solo Dios puede dar.

II. El Camino de los Expertos o el Camino de Iluminación. Al final 
del camino purgativo la persona ha hecho todo lo posible, humanamente hablando, asistido por la gracia de Dios, para amar a Dios venciendo al pecado y para conocer a Dios entendiendo Su Verdad revelada. Lo que se requiere para la continuación del crecimiento espiritual es la intervención de Dios en el alma para sacar de raíz los rastros del pecado y para iluminar el alma sobre la verdad, mas allá de lo que puede lograr la meditación.
En el momento en el que Dios escoge, El comienza a infundir la gracia sobrenatural de la contemplación en el alma de la persona mientras esta 
ora. De acuerdo a las experiencias de San Juan de la Cruz esta nueva luz no es comprendida al principio. Aquel que antes podía meditar, para obtener grandes frutos del tiempo asignado a la oración, ahora se encuentra con la oscuridad, con la sequedad, con la confusión, sin poder recibir ninguna consolación por medio de la oración. San Juan de la Cruz nos dice que esto sucede porque la mente no está equipada para recibir esta luz. Como el ojo humano mirando al sol, al cual no esta normalmente adaptado a verlo, en vez de ver mejor, esa persona no puede ver nada. A esto Dios le añade dificultades externas y sufrimientos, que lo fuerzan a confiar más en el El. Entonces, sin luz, esta persona debe tener fe, sin apoyo, debe tener esperanza y sin consuelo, debe amar. Esta Noche Oscura de los sentidos, como la llama San Juan de la Cruz, purifica el alma y la lleva por el camino de la santidad y oración mística.

Una vez que la Noche Oscura de los sentidos cesa, la persona comienza a apreciar y a entender las gracias de la contemplación que esta recibiendo, ya que la Noche Oscura de los sentidos lo ha purificado y preparado para esta forma de oración sobrenatural. Es durante esta iluminación que Dios 
le permite a la persona profundizar en la Verdad que ha recibido como un regalo y no como fruto de los estudios teológicos o de la meditación. Revelaciones privadas, locuciones, entre otras comienzan a ocurrir. Sin embargo estas no son necesarias para el camino de la iluminación, que consiste esencialmente en el entendimiento mas profundo de los misterios 
de la fe, dados como gracia de luz intelectual de Dios. El alma es también impregnada de un gran celo de Dios, deseosa de propagar el amor de Dios por medio del apostolado u otros medios.

A pesar de este gran avance espiritual, San Juan de la Cruz advierte sobre el peligro de la complacencia o especialmente la soberbia. La Noche Oscura de los sentidos ha sacado de raíz los rastros del pecado, pero el pecado puede seguirse manifestando en forma espiritual, ya que por cada pecado capital hay una forma espiritual. Por ejemplo, aquel que a lo mejor no vuelve a caer en la avaricia material puede caer en la codicia espiritual. Este pecado capital puede tomar la forma de curiosidad excesiva por el conocimiento, por nuevas iluminaciones, no poniendo en práctica lo que han aprendido, pero convirtiéndose en una especie de orgullo espiritual. Como 
el diablo se puede aparecer en forma de ángel de luz, San Juan de la Cruz previene fuertemente a las almas de buscar gracias extraordinarias de ningún tipo. Del mismo modo, dado a los peligros de orgullo y autoengaño, 
la necesidad de dirección espiritual para alguien que ha comenzado a recibir gracias místicas es esencial.

III.  El Camino de la Perfección o el Camino de la Unión. Para ser purificado de los últimos residuos del pecado, ya que sus raíces están plantadas en lo más profundo del alma, la persona a quien Dios llama al camino de la perfección, debe pasar por otra Noche Oscura, esta vez del espíritu. San Juan de la Cruz nos dice que esta Noche Oscura del espíritu es mucho más intensa que aquella de los sentidos, ya que la necesidad de purificar los sentidos es mucho menor a la necesidad de purificar el espíritu. Esto se puede comparar con la purificación del purgatorio, pero acompañado de las confusiones materiales como las enfermedades, la persecución, el abandono, que Dios le envía al alma en esta etapa. Al igual que la otra Noche Oscura, el alma depende únicamente de Dios, de la fe pura, la esperanza y el amor. Luego de salir de esta prueba, el alma, por medio del abandono y la fidelidad total a la gracia de Dios, se encuentra 
en una unión irreversible con Él. Dios le da lo que se llama el matrimonio místico (anticipando el Matrimonio del Cordero con su Iglesia al final de 
los tiempos) o la Unión Conforme. La voluntad humana, llena de la grandiosa experiencia de la bondad de Dios, no es capaz de alejarse de Él. Es capturada por la belleza de su Esposo. Cualquier imperfección en su vida moral es sólo causada por la fragilidad indeliberada de la naturaleza humana, en vez de por pecados veniales derivados de la voluntad. El pecado mortal es imposible de cometer, ya que la experiencia de Dios llena a la persona de gracias. Como dice San Juan de la Cruz, sólo el velo de la carne separa el alma de la Visión Beatificante. A la hora de la muerte, la entrada directa a la Presencia de Dios es segura, ya que el alma ha pasado por el purgatorio aquí en la Tierra.

 

 

El misticismo de Padre Pío

La vida espiritual se divide, algo artificialmente, en tres períodos de desarrollo aunque no hay ninguna línea demarcada que los separe. El clásico escrito espiritual de San Buenaventura –en el camino de tres vías "On the Threefold way" – describe éstas tres etapas del alma: desde la purgativa hasta la iluminativa, desde la iluminativa hasta la unitiva, desde la unitiva hasta la culminante etapa del éxtasis. Estos tres períodos se pueden encontrar en el desarrollo espiritual del Padre Pío. En la experiencias de este místico estas vías purgativas son muy intensas y las palabras son medios inadecuados para describir los fuegos de purificación por los que él es impregnado.

Padre Pío jovenEl período purgativo de la vida de Padre Pío se puede asignar tentativamente al comienzo de su vida religiosa cuando él recibe los hábitos de novicio en 1903. Es evidente que externamente este es un tiempo de prueba durante el cual la comunidad religiosa determina la preparación y aptitud del novicio quién, al mismo tiempo, hace un serio juicio de la vida a la cual él cree estar llamado. En otra forma, el camino purgativo requiere de la máxima generosidad por parte del novicio y en el caso de los santos es común que durante este tiempo dicha generosidad exceda las barreras de la moderación. Este es el tiempo en el que sucede un despego del pecado y se rompe toda relación con las criaturas del mundo para vivir solo para Dios.

Sabemos que aquellos sacrificios como el ayuno, las vigilias, la soledad y varias otras mortificaciones, formaron una parte importante en el desarrollo espiritual del padre Pío durante esta etapa. Estas acciones lo fortalecieron en virtud y libraron su espíritu de todo egoísmo. El ideal Franciscano es severo ante el hombre que quiere lograr una unión con Dios: todo deseo natural, hasta el mínimo movimiento debe ser suprimido.

Cierto incidente remarca la generosidad del Padre Pío en esta etapa en el que muestra el espíritu de abandono con el que entró en su nueva vida. Aunque nunca fue muy robusto, la salud del joven novicio fue afectada debido a las severas mortificaciones a las que él se sujetaba. Tanto así, que sus padres, al visitarlo a finales de este año de noviciado, estaban tan impresionados con su apariencia tan demacrada que pensaron que estaba enfermo. Otro incidente en Venafro nos dá una idea de su progreso. Está escrito que una vez vivó por 21 días sin ningún tipo de nutrición, dependiendo solamente de la Sagrada Eucaristía como alimento. Es sumamente interesante observar que en los años posteriores, Padre Pío nunca dejó de ser tan riguroso como en esos primeros días. Al contrario,  su rigurosidad aumentó y era visto como algo milagroso el hecho que un hombre sobreviviera con tan poco alimento y tan poco descanso.

Mirando hacia arribaLuego de la etapa de purgación de los sentidos y con su alma fortalecida por la gracia, nuevas pruebas de una naturaleza más pasiva siguieron tanteando al joven Fra’ Pío. Se sabe muy bien que durante esta etapa Fra' Pío sufre de enfermedades extrañas, la misteriosa hipertermia (temperaturas altas) que subían y bajaban con alarmante rapidez, también su frágil salud con el peligro siempre presente de la tuberculosis, significaba frecuentes regresos a su casa en Pietrelcina para descansar. Fue en uno de estos regresos a casa cuando el Padre Pío recibió sus primeros estigmas.

Además de sus enfermedades y sus sufrimientos físicos, otras tribulaciones de mayor tormento debieron ser sobrepasadas por el místico. San Juan de la Cruz describe estas tribulaciones con la imagen de:"noche". Después que los sentidos se purifican por medio de "la noche de los sentidos", después de un tiempo el místico entra en la más difícil de la pruebas: "la noche del espíritu". No se puede decir cuánto dura esta etapa, pero directores espirituales señalan que mientras más grande sea la mision de la persona y más profunda la unión y contemplación a la cual él está llamado, más profundos y duraderos serán sus sufrimientos.Rezando en el coro

En la noche del espíritu es Dios mismo quien abruma el alma para renovarla a la imagen y semejanza de Su Hijo; El permite que todo tipo de maldades ataquen al místico para que el hombre se sienta completamente abandonado, alejado de Dios, víctima del demonio, y sujeto a toda clase de tentación y amargura. "Esto no debe sorprendernos", dice San Juan de la Cruz, considerando el gran grado de contemplación a la cual el místico es llamado.

Podemos de esta manera tener una leve idea de lo que Dios estaba haciendo en las profundidades de alma del Padre Pío por los escritos de esta época: "Qué difícil es, Padre el camino de perfección Cristiana para un alma tan mal dispuesta como la mía. Mi vileza me hace temeroso en cada paso que doy" (4.7.1915). En esta etapa del alma, Dios suele alejar su presencia por largos períodos y el que sufre puede sentirse perdido: "La paz se ha desvanecido por completo de mi alma. Me he vuelto completamente ciego. Me encuentro sumergido en una noche profunda y no importa cuánto busco, no encuentro la luz. ¿Cómo, entonces, puedo caminar hacia el Señor?..El, con todo el derecho, me ha lanzado entre los perennemente muertos a quienes El no recuerda más" (8.3.1916).

Dios permite, para el bien de su servidor, horribles tentaciones en contra de la fe, hasta el punto en que el alma parece ya no creer: "Padre mío, que difícil es creer"; y en contra de la esperanza: " Me veo a mí mismo completamente rechazado por Dios." (8.3.1916). A estos se le añaden otras tribulaciones de aridez y desolación por medio de las cuales el místico entra más profundamente en el conocimiento de su propia desdicha ante Dios y al final se siente abandonado por todo. Dios también le dá al diablo   rienda suelta para atacar el alma con todo tipo de tentaciones diabólicas e ilusiones; de hecho, el místico se ve tan abandonado por Dios, que se pregunta si todo no es simplemente obra de Satanás.

Padre Pío le escribe a su director: " si usted cree que yo soy víctima de esa cosa horrible (el demonio), le suplico, Padre, por amor a Jesús, sea bueno y me ilumine" (7.4.1915). Aunque los sufrimientos son tan dolorosos que la muerte sería un alivio,: " Pido por la muerte como un alivio por mis aflicciones… ya que no puedo más", Dios de vez en cuando, deja que su luz ilumine el alma, apretándola con un abrazo de inmensa ternura dejándole saber que no está perdida: "Solo Su bondad ha llenado mi alma de tantas bendiciones. El nunca me pierde de vista. Me sigue a todas partes: revive mi alma tan envenenada por el pecado, destruye en mí la densa nube que me envuelve" (9.9.1912).

Y así el trabajo continúa. El Señor en su amor infinito desea darse a Sí mismo, pero antes, el tabernáculo en el que Él habitará de manera tan sublime debe santificarse. Origen ha descrito muy bien ésta etapa como el "41 invierno del alma", el tiempo de la aridez, desolación y aparente incapacidad de amar a Dios. Pero esta luz que ha parecido al alma "noche", es de hecho, la intensidad del fuego incandescente de Dios, iluminando y deslumbrando el alma con la majestuosidad de Su divino resplandor. La naturaleza humana debe ser primero desvestida de todo lo mundano para ser revestida de los atuendos celestiales de la gracia contemplativa.

El místico ahora entiende que tan necesaria era esta preparación, ya que nadie se atreve a vivir en la Presencia Divina sin antes pasar por el crisol de la tribulación. El mismo Señor, en su ansioso deseo de enriquecer más el alma, es el escultor que cincela y esculpe, refinando su obra maestra del crudo bloque de la naturaleza humana. Y cuando el místico finalmente sale a la clara luz, una vez más, él sabe con seguridad que todo fue obra de Dios; él también sabe, que aunque pareciera que Dios lo rechazaba Él estaba de hecho presente todo el tiempo en las profundidades del alma, preparándola para recibir aún mayores gracias (Tanquery). En la cúspide de estas tribulaciones ¿no es correcto el pensar que, en esta alta etapa de la vida del místico, la unión o matrimonio místico como se le llama comúnmente, fue consumado entre el Padre Pío y El Señor en ese día de 1918 cuando las llagas de Nuestro Señor fueron encarnadas en el cuerpo del primer sacerdote escogido para este privilegio?

[From: The Spirituality of Padre Pio, Augustine Mc Gregor, O.C.S.O., edited by Fr. Alessio Parente, OFM Cap. (San Giovanni Rotondo: Edizioni "Padre Pio of Pietrelcina" of Our Lady of Grace Monastery, 71013 San Giovanni Rotondo, FG, Italy, 1974).]

 

 

 

 

 

 

la Bilocación

En el convento de San Elías de Pennisi, Fray Pío experimentó por primera vez el fenómeno de la bilocación. La noche del 18 de enero de 1905, mientras se encontraba en el coro, recogido en profunda oración, se sintió trasladado a una casa señorial de la ciudad de Údine, donde estaba muriéndose un hombre y naciendo una niña.

El caso curioso fue narrado por el mismo religioso que, por obediencia lo puso por escrito y, después de muchos años, por la joven que entonces había nacido.
Nuestra Señora"Hace días- escribe Fray Pío- me pasó algo insospechado: Mientras me encontraba en el coro con Fray Atanasio, eran como las 23 horas del 18 de este mes cuando me encontré en una casa señorial donde moría un papá mientras nacía una niña. Se me apareció entonces la Santísima Virgen que me dijo: ‘Te confío esta criatura, es una piedra preciosa en su estado bruto. Trabájala, límpiala, hazla lo más brillante posible, porque un día quiero usarla para adornarme…’ Le contesté a la Virgen: ‘¿Cómo podría ser posible, si yo soy todavía un estudiante y no sé si un día podré tener la suerte y la alegría de ser sacerdote? Y aunque llegue a ser sacerdote, ¿cómo podré ocuparme de esta niña, viviendo yo tan lejos de aquí?’ La Virgen me respondió: ‘No dudes. Será ella quien irá a buscarte, pero antes la encontrarás en la Basílica de San Pedro en Roma’. Después de esto… me encontré otra vez en el coro".

Este escrito fue cuidadosamente guardado por el director espiritual del Padre Pío, el padre Agustín de San Marco en Lamis. La niña de la que se habla en el escrito se llama Giovanna Rizzani. Su Papá estaba inscrito en la Masonería. Durante su última enfermedad, su lujosa residencia fue rigurosamente vigilada día y noche por los masones, situada en la calle Tiberio de Ciani No. 33 de la ciudad italiana de Údine. Esto, para impedir el paso de cualquier sacerdote.

Horas antes de morir, su esposa Leonilde- que era muy religiosa- estaba cerca del lecho del moribundo recogida en oración y lágrimas. De repente vio salir de la recámara y alejarse por el pasillo a un fraile capuchino. Se levantó enseguida, lo llamó y lo siguió mientras el fraile desaparecía.
La señora estaba extremadamente angustiada pensando en su esposo que se moría sin los auxilios religiosos. En aquel momento, oyó gemir al perro que estaba amarrado en el jardín de la casa, como si el animal percibiera la muerte ya próxima del amo.

NiñoLa señora, no aguantando el gemido del perro, fue a soltarlo. En esos momentos sintió los dolores del parto y allí mismo dio a luz a una niña. El administrador de la casa corrió para ayudarle. De lejos vieron la escena los dos masones que vigilaban la entrada y también el párroco que quería entrar a la casa para auxiliar al moribundo.

El administrador, después de que ayudó a la señora a alcanzar la recámara, bajó indignado contra los masones que impedían el paso al sacerdote y les gritó: "Dejen entrar al padre. Ustedes pueden impedirle que asista al moribundo, pero no tienen derecho a impedirle que vaya a bautizar a la niña que acaba de nacer prematuramente".
Fue así como se dejó pasar al sacerdote, que además de bautizar a la niña, administró los últimos sacramentos al moribundo arrepentido.
A la muerte del señor Juan Bautista Rizzani, la joven viuda se trasladó a Roma con sus papás. Allí, la pequeña Giovanna creció educada cristianamente.

 

Los Estigmas

Mano del Padre PíoUn día, el 2 de septiembre de 1915, doña Josefa llamó a su hijo: "¡Padre Pío! ¡Padre Pío!" Después de unos momentos, su hijo salió de la cabaña agitando las manos, como si se las hubiera quemado.

Su madre de carácter siempre alegre, se sonrió y le dijo: ¿Qué trae ahora que viene tocando la guitarra con las dos manos?

"No es nada", contestó el Padre Pío, "dolores insignificantes".
En realidad el Padre Pío acababa de recibir los estigmas invisibles. Ya antes había sentido dolores en los pies y en las manos.

En 1912 los dolores se extendieron al corazón. En una carta de aquel tiempo, así escribía: "El corazón, las manos y los pies, me parecen estar traspasados por una espada".

El 10 de octubre de 1915 comunicó a su director espiritual, Padre Agustín, haber recibido los estigmas invisibles, sintiendo, especialmente en algunos días "agudísimo dolor".
RezandoUn día en que estaba en el coro con los demás religiosos, después de que terminó el rezo de la Liturgia de las Horas, todos se retiraron, quedando solamente el Padre Pío recogido en su oración personal junto al padre Arcángel. Al toque de la campanilla para la comunidad, los dos se levantan. Las manos del Padre Pío están sangrando. El Padre Arcángel preocupado, le pregunta: "¿Se ha herido?".

Con paso incierto y con el rostro pálido se fue a presentar al Superior, quien al verlo quedó petrificado. Además de las manos y los pies, también el costado sangraba abundantemente. Lo raro también era que la sangre no coagulaba y, además, emanaba un agradable perfume.

El Superior enseguida pone al tanto al Padre Provincial. Como es de imaginar, la noticia no duró mucho tiempo oculta. El estupor y la alegría llenó los corazones de miles de personas, que iban a ver al "santo". Todo el mundo quería confesarse con el Padre Pío o participar en su Santa Misa.

El caso preocupó mucho al Superior Provincial quién se propuso estudiar bien su caso. Pidió fotografías y las envió, junto con un amplio reporte a la Santa Sede. Como respuesta, recibió la orden de intensificar el estudio médico y sustraer al Padre Pío de la curiosidad popular. Se le prohibió celebrar misa en público y confesar.Bendición del Padre Pío
El Padre Pío calla y obedece. Durante dos largos años vivió una vida perfecta de claustro y bajo las órdenes de los médicos, que no encontraban las causas naturales de sus heridas, no dejaban en paz al padre.

Un día un doctor le hizo esta pregunta:
-Padre, dígame ¿Por qué tiene lesiones exactamente allí y no en otra parte?
-Más bien debería ser usted el que me conteste, doctor: ¿por qué he de tenerlas en otras partes y no allí?

Al Padre Pío no le faltaban ni el sentido del humor ni las respuestas sagaces.

 

 

CANONIZACION DEL PADRE PIO

CIUDAD DEL VATICANO, 16 JUN 2002 (VIS).-Juan Pablo II celebró la Eucaristía a las 10,00 ante más de 300.000 personas que abarrotaron la Plaza de San Pedro y las calles adyacentes para asistir a la canonización del beato italiano Padre Pío de Pietrelcina (en el siglo Francesco Forgione), presbítero, de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos.

A la ceremonia de hoy asistieron los protagonistas de los dos milagros del fraile: Consiglia de Martino, que se curó en 1992 de manera inexplicable de una rotura de un vaso linfático que la llevaba irremediablemente a la muerte, y el niño Matteo Colella, que hoy tiene casi diez años y que hace dos entró en coma irreversible por una meningitis fulminante.

En la homilía, el Papa afirmó que las palabras de Jesús a sus discípulos "Mi yugo es suave y mi carga ligera" son "una magnífica síntesis de toda la existencia del Padre Pío de Pietrelcina, hoy proclamado santo. La imagen evangélica del 'yugo' evoca las numerosas pruebas que el humilde capuchino de San Giovanni Rotondo tuvo que afrontar. (...) La vida y la misión del Padre Pío testimonian que las dificultades y los dolores, si se aceptan con amor, se transforman en un camino privilegiado de santidad".

"El Padre Pío ha sido un generoso distribuidor de la misericordia divina, mostrándose disponible a todos a través de la acogida, la dirección espiritual, y especialmente la administración del sacramento de la Penitencia. El ministerio de la confesión, que constituye uno de los rasgos característicos de su apostolado, atrajo a muchos fieles al Convento de San Giovanni Rotondo", dijo el Papa durante la homilía, recordando que él mismo se confesó con el fraile. "Aun cuando aquel singular confesor trataba a los fieles con aparente dureza, estos, al ser conscientes de la gravedad del pecado y sinceramente arrepentidos, casi siempre volvían para recibir el abrazo pacífico del perdón sacramental". Y pidió que "su ejemplo anime a los sacerdotes a realizar con alegría y asiduidad este ministerio".

El Santo Padre puso de relieve que "la raíz profunda de tanta fecundidad espiritual del nuevo santo se encuentra en aquella íntima y constante unión con Dios de la que eran testimonios elocuentes las largas horas pasadas en oración. (...) Esta característica fundamental de su espiritualidad sigue en los 'Grupos de Oración' fundados por él, que ofrecen a la Iglesia y a la sociedad la formidable contribución de una oración incesante y confiada. El Padre Pío unía a la oración una intensa actividad caritativa de la que es una expresión extraordinaria la 'Casa del Alivio del Sufrimiento'. Oración y caridad -concluyó-, una síntesis concreta de la enseñanza del Padre Pío, que hoy vuelve a ser propuesta a todos".

Acabada la misa y antes de rezar el Angelus, el Papa saludó a cuantos habían participado en la celebración: cardenales, arzobispos, obispos, el ministro general de los Capuchinos, los hermanos de la Orden del Padre Pío, así como a las autoridades civiles y militares italianas.

"Pienso de forma particular -agregó- en todos los peregrinos reunidos en esta Plaza y en las calles adyacentes, especialmente en aquellos que han hecho frente al sacrificio de estar tanto tiempo de pie. También saludo a los fieles reunidos en oración en San Giovanni Rotondo y a cuantos se han unido a nosotros mediante la televisión. Exhorto a cada uno a perseverar tras las huellas de San Pío de Pietrelcina y anuncio con agrado que su memoria litúrgica con el grado de 'obligatoria' se incluirá en el Calendario Romano general el 23 de septiembre, día de su nacimiento para el Cielo".

Al final, subido en el "papamóvil" recorrió la Plaza de San Pedro y la Via della Conciliazione para saludar a las decenas de miles de fieles llegados de toda Italia y de otros países, que tuvieron que aguantar temperaturas superiores a 35 grados, y que fueron regados con mangueras de agua para evitar que sufrieran lipotimias o deshidrataciones.

 

CANONIZACIÓN DEL PADRE PÍO, UN ACONTECIMIENTO SIN PRECEDENTES EN ROMA

El Papa presenta al mundo su testimonio de oración y caridad

CIUDAD DEL VATICANO, 16 junio 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II propuso al mundo este domingo el testimonio de oración y caridad del padre Pío de Pietrelcina, en la canonización más multitudinaria de la historia vivida en el Vaticano.

«El nuevo santo nos invita a poner a Dios por encima de todo, a considerarlo como nuestro sumo y único bien», dijo el pontífice en la homilía de canonización del italiano Francesco Giorgione, nombre de bautismo del fraile capuchino de los estigmas, fallecido en 1968 a los 81 años de edad.

Los más de 300 mil peregrinos (era casi imposible saber su número exacto) que vinieron a Roma para participar en la celebración, no cabían en la plaza de San Pedro del Vaticano. Cientos de miles se congregaron en la Vía de la Conciliación y en las plazas cercanas, siguiendo la liturgia a través de pantallas gigantes.

Fue una prueba durísima, pues fueron golpeados por un sol húmedo implacable, bajo una temperatura que superó los 35 grados centígrados a la sombra, calentados además por el asfalto romano. Los organizadores distribuyeron millones de botellas de agua.

El momento más emocionante tuvo lugar a las 10:25 de la mañana --la canonización transmitida por televisión en muchos países había comenzado a las 10--, cuando el pontífice, pronunció en latín, con voz en ocasiones temblorosa, la fórmula con la que inscribió al padre Pío en el registro de los santos.

El 462 santo proclamado por este pontificado (el Papa Wojtyla también ha proclamado a 1.288 beatos) es quizá también el más conocido y amado, especialmente en Italia. En todo el mundo, además, se han extendido varios miles de grupos de oración que se inspiran en su espiritualidad.

Entre los presentes se encontraban las dos personas que atribuyen a la intercesión del padre Pío un milagro. Han sido decisivas para llegar hasta este momento: se trata de Consiglia De Martino, curada en 1992 de una enfermedad mortal (su milagro permitió la beatificación) y del niño Matteo Colella, que hoy tiene casi diez años y que hace dos entró en coma irreversible por una meningitis fulminante (su curación inexplicable permitió la canonización). El pequeño recibió este domingo la primera comunión de manos del Papa.

Cuando el Santo Padre quiso resumir en la homilía el legado del seguidor de san Francisco, lo hizo con pocas palabras: «Oración y caridad, esta es una síntesis sumamente concreta de la enseñanza del padre Pío, que hoy vuelve a proponerse a todos».

Además de la muchedumbre reunida en Roma, en San Giovanni Rotondo (Foggia, Italia), donde vivió el fraile y donde fundó el hospital «Casa de Alivio del Sufrimiento», se congregaron 60 mil personas. Ese Santuario se ha convertido en el más visitado del mundo después del Vaticano y de la Basílica de Guadalupe en México.

«¡Qué actual es la espiritualidad de la Cruz vivida por el humilde capuchino de Pietrelcina! --dijo el Papa en la homilía, vestido con ornamentos blancos y dorados-- Nuestro tiempo necesita redescubrir su valor para abrir el corazón a la esperanza».

Al concluir la eucaristía, al rezar la oración mariana del «Angelus», Juan Pablo II anunció con satisfacción que la memoria litúrgica del padre Pío tendrá carácter «obligatorio» y será celebrada el 23 de septiembre, en el aniversario de su muerte, que en el caso de los santos, es el día de «su nacimiento al Cielo».

 

 

 

 

¿Qué significa ser Beatificado/canonizado?

Para muchos, aún en la Iglesia, la práctica Católica de beatificar y canonizar es un enigma. ¿Por qué lo hace la Iglesia? ¿Cómo lo hace la Iglesia? ¿Qué significa ser canonizado, o como en el caso de Padre Pío, beatificado?

Historia General.  
Primero, debe notarse que de acuerdo al testimonio de la Sagrada Escritura cada cristiano es un santo. El Nuevo Testamento Griego habla en muchos lugares del hagios (Hch. 9, 32; Rm. 15, 25-31;Ef.1,1; Col. 1, 2; Judas 1, 3 y otros). La Vulgata Latina habla del sancti, que es interpretada en algunas traducciones como los santos y en otros como los benditos. Como San Pedro le dice a los cristianos, "vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz". Los santos son ungidos por Dios a través del Bautismo, llenos de su vida Divina (el Reino de Dios dentro de nosotros), y llamados a anunciar la presencia de este Reino en el mundo a toda la raza humana. Así es que en el uso de las Escrituras todos aquellos bautizados en Cristo y en el estado de gracia se pueden llamar con razón santos.

CrucifijoEn otro sentido, más estricto y más técnico, los santos son aquellos en quienes no solo ha comenzado la victoria de Cristo sobre el pecado, el demonio y la muerte, como en nosotros, sino que ha sido culminada. Este es el caso cuando la vida mundana terrenal se termina y la vida de santidad es alcanzada en nuestro peregrinar hacia el cielo. Aún cuando se afirma que nadie es bueno, sólo Dios (Mt. 19, 17), Cristo nos llamó a la perfección en bondad, de santidad, "sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial" (Mt. 5, 48 y 19, 21; Col. 4, 12; Santiago 1,4), ya que nada imperfecto entrará al cielo (Apoc. 21, 27).

La Iglesia inicialmente entendía que sólo el Cristiano que seguía a Cristo perfectamente entraría inmediatamente en la Jerusalén celestial. Otros entrarían en el fuego purificador del purgatorio "para ser perfeccionados," de donde no saldrían hasta que "no hayas pagado el último céntimo" (Mt. 5, 26; 1 Cor. 3, 13-15). Como la perfección era unirse a Cristo en su muerte, un efecto comenzó a desarrollarse; al mártir (testigo que moría por Cristo) se le percibía como aquel que alcanzaba esta meta. De esta manera, durante la edad de la persecución (desde Pentecostés hasta 311 AD) la estima hacia aquellos Cristianos que fueron asesinados por el odio a la fe (in odium fidei) llevó a la gente a ensalzar su ejemplo de testimonio heroico por Cristo, guardando y preservando sus reliquias (los trofeos de victoria sobre la muerte) y celebrando el aniversario de su nacimiento a la vida eterna. La Carta Circular de la Iglesia de Esmirna sobre el Martirio de San Policarpo (155 AD) muestra este efecto perfectamente.

Por lo menos hemos recogido sus huesos, que significan más para nosotros que piedras preciosas y son más puras que el oro, y las colocaron en el lugar más adecuado para su descanso. Y si nos es posible reunirnos de nuevo, que Dios nos permita celebrar el día de su martirio con gozo, para recordar a aquellos que lucharon en un combate glorioso, y enseñar y fortalecer por medio de su ejemplo a nuestras próximas generaciones.

Finalmente, el mayor tributo de honor que se le podía dar a un mártir era mencionar su nombre en el Canon (Oración Eucarística) de la Misa, acompañando al Señor en Su Sacrificio Redentor. Esto se llevaba a cabo el día de su fiesta, el día en el que entraron a la vida eterna. El Canon Romano (Oración Eucarística 1) retiene el testimonio elocuente de la Iglesia Romana para la Madre del Señor, para los apóstoles, y para muchos de los mártires importantes de Roma y de Italia.

Manos sobre el cáliz"En unión con la toda la Iglesia…honramos a María…Pedro y Pablo, Andrés, Santiago, Juan, Tomás, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Judas; Honramos a Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián." (Communicates)

"Por nosotros también, te pedimos nos consideres en empatía de tus apóstoles y mártires, con Juan el Bautista, Esteban, Matías, Barnabas, Ignacio, Alejandro, Marcelino, Pedro, Felicidad, Perpetua, Ágata, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia y todos los santos." (Nobis quoque peccatoribus)

Así, en los primeros siglos de la Iglesia, la aclamación popular de santidad a los mártires, la veneración de sus reliquias, la honra de sus nombres en oraciones privadas y litúrgicas (con el consentimiento del obispo local), canonizó testigos importantes de Cristo en la Iglesia Universal y local, como ejemplos de la perfecta fidelidad a la que todos los cristianos estamos llamados.

Aunque la edad de mártires nunca terminó, la paz relativa que existió después del Edicto de Milán en 311 significaba que el martirio era un ejemplo más raro de perfección de lo que había sido. La Iglesia comenzó a buscar otros modelos de santidad, otras maneras por medio de las cuales la unión con Cristo pudiese ser testigo a los fieles y al mundo como el vivir diariamente una vida Cristiana en la que se muera al propio yo y se entregue la vida a Cristo. Este testimonio fue encontrado en aquellos cuyo martirio blanco de virtudes heroicas confesaba al mundo el triunfo de la luz sobre las tinieblas, de la gracia sobre el pecado, del nuevo hombre sobre el viejo (Ef. 4, 17-24), y así de Cristo sobre Satanás. Por consiguiente, tales Confesores, el testimonio de cuyas vidas tenían la fama de santidad, comenzaron a entrar en los papeles de canonizados.

CorredorEste cultus (veneración religiosa) era generalmente de una diócesis singular, pero según la fama de la persona se propagaba podía abarcar varias diócesis, y en el caso de María, los apóstoles y otras figuras significantes es ciertamente universal. Aunque los registros de los primeros Concilios de la Iglesia muestran intervenciones ocasionales para corregir abusos en el nombramiento de los santos y para establecer criterios para su aclamación, el proceso continuó siendo un proceso local con algunos ejemplos de Papas declarando santos de veneración universal.

El primer proceso parece ser el del Papa Urbano II (1089-1099), en la "Causa" de Nicolás de Trani. Se le ordenó al obispo de Trani que condujera una investigación local sobre su supuesta santidad y milagros, que entonces se sometería al Papa para ser juzgada. Esta primera "Causa" se extendió sobre varios pontificados, y parece que no fue concluida favorablemente. También parece haber ocasionado avances en los procedimientos legales en sí, Callistus II (1119-1124) requiriendo que todas las causas incluyeran una biografía crítica del Siervo de Dios. Como ocurre de vez en cuando en la Iglesia, los abusos trajeron mayores elaboraciones en la práctica Eclesial. En 1170 el Papa Alejandro III decretó que nadie podía ser declarado santo sin el permiso del Sumo Pontífice. Esto fue declarado por causa de la aclamación de santo de un "mártir" suizo que fue asesinado mientras estaba borracho, y por consiguiente no se podía decir que era un testimonio de Cristo. Esta regulación fue formalmente incorporada en la ley de la Iglesia por el Papa Gregorio IX en 1234.

La centralización del proceso de canonización en Roma fue un avance inevitable de la Tradición canónica y teológica de la Iglesia. Mientras que la aclamación de los fieles y la aceptación del obispo es, en la mayoría de los casos, un testimonio adecuado de la santidad de la persona, sólo provee una certeza moral, una credibilidad razonable, que la persona está en el Cielo. Para dar testimonio universal de la santidad de alguien se necesitaba suscitar un criterio más alto, uno digno del carisma y de la infalibilidad de la Iglesia. De acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia Católica, el Cristo Místico, no puede errar en materia de fe y moral (Jn. 16, 13). El ejecución practica de esta infalibilidad recae sobre la oficina apostólica, quien en el nombre y por la autoridad de Cristo la Cabeza de la Iglesia recurre a unir a los fieles en cuanto a cuestiones de fe o de moral. Esto puede hacerse ya sea por el colegio de obispos en su totalidad, como Consejo (Hch. 15,28), o por el Sucesor de San Pedro (Lc. 22, 32, Hch. 15, 7-12). Por la gracia del Espíritu Santo, Cristo protege tales juicios de suma importancia para la Iglesia del error. Históricamente, la opinión común de los teólogos es, por lo tanto, que la Canonización papal es un ejercicio del carisma de la infalibilidad que protege a la Iglesia de elevar a un individuo no apto para la veneración universal de los fieles. Como en el caso de una declaración dogmática, la declaración de un santo introduce a esa persona en el corazón de la vida de la Iglesia, por ende en el misterio central de la fe, la Eucaristía, y debe ser por su naturaleza libre de error.

Causa para Beatificación/Causa para Canonización. De acuerdo a un axioma teológico antiguo la gracia se construye sobre la naturaleza. Por esta razón la Iglesia es muy cuidadosa en agotar los medios humanos y razonables de determinar la santidad de una persona antes de contar con los medios sobrenaturales. Como fue notado anteriormente el proceso de la canonización papal desarrolló rápidamente procedimientos que eran seguidos en la diócesis y en Roma, tal como la recolección de evidencia, declaraciones de testigos y los biografía crítica escrita. Para el siglo catorce dos procesos regulares tuvieron lugar, la Causa de Beatificación y la Causa para la Canonización. La primera, después de haberse concluido exitosamente, permitía algún tipo de veneración de los Beatificados por parte de los fieles, en su diócesis, por una orden religiosa o por una nación. La segunda permitía la veneración universal del Santo por la Iglesia. El paso concluyente de cada uno era conducido por medio de un juicio, con lados a favor y en contra. La oficina del Promotor de la Fe o el Defensor del Diablo, quien discutía en contra del Siervo de Dios, data de esta época.

Estos Procesos han sido revisados y refinados varias veces a través de los siglos, incluyendo dos recientes, bajo el Papa Pablo VI en 1969 y bajo el Papa Juan Pablo II en 1983. Incluido en la reforma del Papa Pablo estaban las consolidaciones de los procesos en una sola Causa para Canonización. Notable en aquellos del Juan Pablo II fue la eliminación del Defensor del Diablo, como también otros cambios en los procedimientos.

Bendición del Padre PíoLa Causa para La Canonización de Padre Pío. Después de un período de dos reformas la Causa de Padre Pío ha operado, en muchos de los casos, según las reglas que existían cuando ésta comenzó. El siguiente resumen, del libro de Michael Freze, The Making Of Saints (Huntington, IN: OSV Press, 1991), no coincide totalmente con las reglas del año1983 para la Canonización de Santos. Muestra, sin embargo, las etapas importantes por las que cualquier Causa debe pasar.

I. El proceso de documentar la vida y virtudes de Padre Pío comenzaron casi inmediatamente después de su muerte, el 4 de noviembre 1968. Esto era necesario para asegurar que no se perdieran los testimonios más importantes.

II. La comunicación de los resultados de la Congregación de Santos tomó lugar el 16 de febrero de 1973. La Congregación debe examinarlos para hacer una recomendación al Papa con respecto al valor del individuo.

III. Con el nihil obstat ( nada se interpone en el camino) del Santo Padre el Proceso de la Causa para la Canonización del Siervo de Dios Padre Pío de Pietrelcina comenzó el 29 de noviembre 1982. Antes de los cambios de 1983 sólo el Papa podría abrir una Causa, dando un nihil obstat. Bajo las nuevas normas el obispo diocesano del lugar donde la persona falleció puede abrir la Causa, después de consultar con la Santa Sede, que hace su evaluación del registro conocido como una carta en vez del decreto formal.

IV. La próxima primavera, el día 20 de marzo de 1983, el Proceso Canónico Informativo comenzó oficialmente, emprendido por el Arzobispo de Manfredonia, el arzobispo metropolitano del territorio eclesial en la que está situada San Giovanni Rotondo, diócesis de Foggia. Bajo las nuevas normas este Proceso estaría bajo el cuidado del Obispo de Foggia. Su tarea era la de crear un registro, un Acta, sobre la vida y virtudes del Siervo de Dios, basada en evidencias y testimonios. En el caso de Padre Pío, quien vivía una vida pública por un período de más de cincuenta años, estas Actas consistían en varios volúmenes.

V. En la conclusión del Proceso Informativo de 1990 la Causa fue sometida al Departamento Romano llamado la Congregación para las Causas de los Santos. El 7 de diciembre 1990 la Congregación reconoció la validez del Proceso (lo que se había llevado a cabo hasta entonces). Entonces una comisión teológica de la Congregación comenzó su trabajo y preparó un Positio en el que se resume la vida y virtudes del Siervo de Dios. Esta evaluación de la Causa concluyó con un voto positivo por parte de la comisión el 13 de junio 1997, el día de San Antonio. Sus recomendaciones fueron entregadas a los cardenales, arzobispos y obispos asignados por el Santo Padre para votar por los asuntos más importantes presentados para ser juzgados por la Congregación. Fue aprobado en su Sesión Ordinaria el 21 de octubre de 1997.

VI. Luego de la votación a favor por parte de la Congregación y su aceptación, El Papa Juan Pablo II el 18 de diciembre de 1997 aprobó el Decreto de las Virtudes Heroicas del Siervo de Dios Padre Pío de Pietrelcina. Por medio de este decreto el Padre Pío fue declarado un Venerable Siervo de Dios o simplemente Venerable.

VII. El paso final antes de la beatificación es la aprobación de un milagro, evidencia del poder de intercesión del Siervo de Dios y por tanto su unión después de la muerte con Dios. Aquellas personas que proponen un milagro lo deben hacer en la diócesis donde este ocurrió, no en la diócesis de la Causa. Esta diócesis conduce su propio Tribunal, científico y teológico, para determinar si se puede decir que en verdad el milagro ocurrió. Esto es posteriormente presentado ante la Congregación para su evaluación. El 21 de diciembre de 1998, el Papa Juan Pablo II aprobó un milagro atribuido al Venerable Siervo de Dios, el Padre Pío de Pietrelcina. Esta es la base, junto con el Decreto de las Virtudes Heroicas, por medio de la cual se efectúa la beatificación el domingo, 2 de Mayo de 1999.

Qué significa ser beato. Hasta el día de la beatificación de un Servidor de Dios los católicos deben observar las estrictas reglas del non-cultus, es decir, que se puede rezar a este individuo que creemos que está en los cielos y venerarle de una forma privada, no pública. Por ende, la regla por la cual la Causa del Padre Pío ha sido tan insistente- de ninguna exposición de sus retratos en lugares de adoración, ningún himno para él y ninguna oración pública rezada a él- está de acuerdo con las normas estrictas de la Iglesia en cuanto a estas cuestiones. Es más, la presencia del cultus antes de la aprobación por parte de la Iglesia puede terminar la candidatura de un Siervo de Dios.

Con la Beatificación un cierto número de marcas de veneración pueden darse a una persona. La más importante es la de un día festivo, con su Misa y oficio (Liturgia de la Horas), puede ser otorgada a una diócesis en particular y a órdenes y congregaciones religiosas. Por ejemplo, Beata Takeri Tekawitha, el Lirio de los Mohawks, es celebrada en los almanaques litúrgicos de los Estados Unidos y Canadá. En los Estados Unidos y Méjico hay un día festivo para el Beato Juan Diego, el vidente de Guadalupe. Por analogía, este privilegio es algo parecido a la práctica de la canonización episcopal en las edades tempranas de la historia de la Iglesia, con la excepción de que un obispo manifiesta a Roma el deseo de su feligresía a venerar a un Beato y Roma accede a tal veneración local. En el caso de Padre Pío lo más seguro es que los Capuchinos Franciscanos, una o más diócesis italianas, y aún países enteros, pedirán a la Santa Sede para añadir su día festivo a los almanaques particulares. Como murió el 23 de septiembre, es probable que esta fecha sea la asignada a él, ya que no presenta conflicto con el calendario universal de la Iglesia.

Con la beatificación vendrá el derecho restringido a venerar las reliquias de Padre Pío, a rezarle públicamente y para honrar sus imágenes en lugares de adoración. Esta veneración es restringida ya que es la veneración de una parte de la Iglesia solamente y no de toda, ya carece de la resolución de la canonización.

 

 

Novena al Padre Pío


Aportada por Nancy Durand de Colmenares

1° Día - Amadísimo Padre San Pío de Pietrelcina, tú que has llevado sobre tu cuerpo los estigmas de Nuestro Dios Jesucristo. Tú que también has llevado la Cruz por todos nosotros, soportando los sufrimientos físicos y morales que te flagelaron continuamente el alma y el cuerpo, en un doloroso martirio. Te rogamos, intercedas ante Dios Todopoderoso para que cada uno de nosotros sepa aceptar las pequeñas y grandes Cruces de la vida, transformando cada individual sufrimiento en un seguro vínculo que nos ata a la Vida Eterna.

Palabras del Padre Pió: "Conviene acostumbrarse a los sufrimientos que Jesús os manda. Jesús que no puede soportar veros sufrir, vendrá a solicitaros y a confortaros, infundiendo nuevo ánimo en vuestro espíritu"

2° Día – Santísimo Padre San Pió de Pietrelcina, tú que te encuentras cerca de nuestro amadísimo Padre Dios Jesucristo, y has tenido la santidad y resistencia en las tentaciones del maligno. Tú que has sido golpeado por los demonios del infierno que quisieron convencerte a abandonar tu camino de santidad. Ruega a Dios por nosotros, para que con tu ayuda y con la de Nuestro Señor, encontremos la fortaleza espiritual para renunciar al pecado y para conservar la fe hasta el día de nuestra muerte.

Palabras del Padre Pío: "Ánimo y no temas la ira de Lucifer. Recordad siempre: que es una buen señal cuando el enemigo se agita y ruge alrededor vuestro, ya que esto demuestra que él no está dentro de ti".

3° Día –Virtuosísimo Padre San Pío de Pietrelcina, tú que has querido muchísimo a Nuestra Señora; y que cada día te concedió gracias y consuelos solamente por ELLA alcanzables. A la Virgen Santa, te suplicamos ruegues y pongas en Sus manos nuestros pecados y nuestras frías oraciones, para que como en Caná de Galilea, el Hijo le conceda a la Madre; y ya nuestro nombre será escrito en el Libro de la Vida.

Palabras del Padre Pío: "María sea la estrella que os alumbre el camino, os enseñe la calle segura para ir al Padre Celestial; Ella sea el asidero firme que tengáis, para que os conservéis cada vez más unidos estrechamente en el tiempo de la prueba ".

4° Día –Castísimo Padre San Pío de Pietrelcina; que tanto amastes y nos enseñasteis a amar al Santo Ángel de la Guarda; el que te sirvió de compañía, de guía, de defensor y de mensajero. A ti las Figuras Angélicas llevaron los ruegos de tus hijos espirituales. Intercede cerca de Dios para que también nosotros aprendamos a hablar con nuestro Ángel de la Guarda, para que en todo momento sepamos obedecerle, pues es la luz viva de Dios que nos evita la desgracia de caer en pecado. Nuestro Ángel siempre está listo a señalarnos el camino del bien y a disuadirnos de hacer el mal.

Palabras del Padre Pío: "Invoca a tu Ángel de la Guarda, que te iluminará y te conducirá. Dios te lo ha dado por este motivo. Por tanto válete de él".

5° Día –Prudentísimo Padre San Pío de Pietrelcina. Tú que tanto amas y nos enseñasteis a amar a las Almas del Purgatorio; por las que te has ofrecido como víctima que expió sus penas. Ruega a Dios Nuestro Señor, para que ponga en nuestros corazones sentimientos de compasión y amor por estas almas. También nosotros ayudaremos a las Almas del Purgatorio y reduciremos sus tiempos de destierro y de gran aflicción. Ganaremos para Ellas, con sacrificios y oración, el descanso eterno de sus almas; y las santas Indulgencias necesarias para sacarlas del lugar del sufrimiento.

Palabras del Padre Pío: "Oh Señor, Padre Jesucristo; te suplico viertas sobre mí, todos los castigos que son para los pecadores y las ánimas benditas del purgatorio; multiplica sobre mí los sufrimientos, con que conviertes y salvas a los pecadores, y líbralos pronto del tormento del purgatorio ".

6° Día –Obedientísimo Padre San Pío de Pietrelcina. Tú, que has querido tanto a los enfermos; más que a ti mismo porque en ellos vistes a Jesús. Tú, que en el nombre de Dios has obrado Milagros de sanación en el cuerpo, en el alma, y en la mente, en el presente, en el pasado y en el futuro de las personas; devolviendo esperanza de vida y renovación del espíritu, y en la integridad total de las personas. Ruega a Dios para que todos los enfermos; por intercesión de Maria Santísima, puedan experimentar tu potente ayuda y a través de la sanación de su cuerpo encontrar beneficios espirituales y agradecer para siempre a Dios.

Palabras del Padre Pió:  "Si yo sé que una persona está afligida, sea en el alma o en el cuerpo, suplicaría a Dios para verla libre de sus males. De buena gana yo tomaría todos sus sufrimientos para verla salvada y cedería los frutos de tales sufrimientos en su favor".

7° Día – Benditísimo Padre San Pío de Pietrelcina. Tú que has realizado el proyecto de salvación de Dios y has ofrecido tus sufrimientos para desatar a los pecadores de las riendas de Satanás. Ruega a Dios para que los hombres, que no creen, tengan una gran y verdadera fe y se conviertan; arrepintiéndose en lo profundo de su corazón; y que las personas con poca fe mejoren su vida cristiana; y que los hombres justos continúen sobre el camino de la salvación.

Palabras del Padre Pío: "Si el pobre mundo pudiera ver la belleza del alma sin pecado, todos los pecadores, todos los incrédulos se convertirían al instante. "

8° Día – Purísimo Padre San Pío de Pietrelcina, Tú que has querido mucho a tus hijos espirituales. Muchos de tus hijos han sido comprados por ti con el precio de tu sangre. También nos concedes a los que no te hemos conocido personalmente, de considerarnos como tus hijos espirituales. Con tu paternal protección, con tu santa guía y con la fortaleza que conseguirás para nosotros de Dios, podremos, en el momento de la muerte, encontrarte en las puertas del Paraíso, en espera de nuestra llegada.

Palabras del Padre Pío: "Si me fuera posible, querría conseguir de Dios solamente una cosa; si me dijera: "Vas al Paraíso", querría conseguir esta gracia: "Señor, no me dejéis ir al Paraíso hasta que el ultimo de mis hijos; la última de las personas que me han sido confiadas, haya entrado antes que Yo."

9° Día –Humildísimo Padre San Pío de Pietrelcina, Tú que has verdaderamente amado a la Santa Madre Iglesia. Ruega a Dios, nuestro Señor, al Señor de la Mies para que mande obreros a Su Mies, y regalos a cada uno de ellos; de manera que llenando el mundo de sacerdotes santos; obtengan la fuerza y la inspiración de Dios. Además te rogamos interceder ante la Santísima Siempre Virgen María; para que conduzcas a todos los hombres hacia la unidad de los cristianos, reuniéndolos en la gran casa de Dios; para que la Iglesia sea el faro de luz y salvación en el mar de tempestad que es la vida.

Palabras del Padre Pío: "Siempre mantente unido a la Santa Iglesia Católica, porque sólo ella puede salvarte, porque sólo ella posee a Jesús Sacramentado, que es el verdadero príncipe de la paz. Fuera de la Iglesia Católica, no hay salvación, ella te da el bautismo, el perdón de los pecados, el Cuerpo, la sangre, el Alma, y la Divinidad de Jesucristo, concediéndote por tanto la vida eterna; y todos los santos sacramentos para llevar una vida de santidad."
 

NOVENA AL SAGRADO CORAZON DE JESUS
Recitada diariamente por el San Pío de Pietrelchina
por todos aquellos que le solicitaban sus oraciones.

1.-   Oh Jesús mío, habéis dicho: “En verdad os digo, pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá.”

He aquí que llamo busco y pido la gracia de.......................

Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre, etc. Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío.

2.-   Oh Jesús mío, habéis dicho: “En verdad os digo, lo que se pidiese a Mi Padre en Mi Nombre, EL lo dará a vosotros.”

He aquí que en vuestro nombre, le pido al Padre Celestial la gracia de............................

Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria al Padre, etc. Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío.

3.-   Oh Jesús mío, habéis dicho: “ En verdad os digo, que el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán jamás.”

He aquí que, animado por Vuestra infalibles palabras, ahora pido la gracia de............

Padre Nuestro, Ave Mará, Gloria al Padre, etc. Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío.

Oh! Sagrado Corazón de Jesús, solamente una cosa se os ha de ser imposible y eso consiste en no tener compasión de los afligidos. Te piedad de nosotros miserables pecadores y conceded la gracia que os pedimos, mediante el Doloroso e Inmaculado Corazón de María, Vuestra tierna Madre, y nuestra Madre compasiva.

 Rezad “La Salve” y añádase la siguiente jaculatoria:  San  José, Padre Guardián de Jesús, rogad por nosotros.

LETANIAS AL SAGRADO CORAZON DE JESUS
(aprobadas para toda la Iglesia en 1891)
Ver también:
 Meditaciones de JPII sobre estas letanías
Historia de estas letanías

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

(A las siguientes invocaciones se responde:
"TEN PIEDAD DE NOSOTROS")

Dios, Padre Celestial, -...
Dios Hijo, Redentor del mundo, -...
Dios, Espíritu Santo, -...
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios...-

Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre, -...
Corazón de Jesús, formado en el seno de la Virgen Madre por el Espíritu Santo, ...
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, ...
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ...
Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ...
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, ...
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ...
Corazón de Jesús, santuario de la justicia y del amor, ...
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ...
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes,.. 
Corazón de Jesús, digno de toda alabanza,...
Corazón de Jesús, formado en el seno de la Virgen Madre por el  Espíritu Santo...
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios...,
Corazón de Jesús, templo santo de Dios,...
Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo,...
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo,...
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad,...
Corazón de Jesús, santuario de la justicia y del amor,...
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor,...
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes,...
Corazón de Jesús, digno de toda alabanza,...
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones,...
Corazón de Jesús, en quien se hallan todos los tesoros de la sabiduría, y de la ciencia,...
Corazón de Jesús, en quien reside toda la plenitud de la  divinidad,...
Corazón de Jesús, en quien el Padre se complace,...
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido, ...
Corazón de Jesús, deseado de los eternos collados, ...
Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia, ...
Corazón de Jesús, generosos para todos los que te invocan,...
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad,...
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados,...
Corazón de Jesús, triturado por nuestros pecados,...
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, ...
Corazón de Jesús, traspasado por una lanza,...
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo,...
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra,...
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra,...
Corazón de Jesús, víctima por los pecadores, ...
Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan,...
Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ...
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos,...

Cordero de Dios,  que quitas el pecado del mundo,
-perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
-ten piedad de nosotros.
Jesús, manso y humilde de Corazón,
-haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Oración: Oh Dios todopoderoso y eterno, mira el Corazón de tu amantísimo Hijo, las alabanzas y satisfacciones que en nombre de los pecadores te ofrece y concede el perdón a éstos que piden misericordia en el nombre de tu mismo Hijo, Jesucristo, el cual vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

Material recopilado por Manuel del Campo

De los sitios en internet:

http://www.corazones.org/santos/pio_padre.htm

http://www.ewtn.com/padrepio/spanish/

http://www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20020616_index_padre-pio_sp.html

Primera versión del 21 de Febrero de 2005

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